viernes, octubre 26, 2007

horcas presenta “asesino”

Señal de resistencia

La banda insignia del metal apuesta a abrir cabezas y despotrica contra la tele: “Cuando los autos se pegan un tortazo, ponen Horcas. Cuando están por fusilar a uno, ponen Horcas. Cuando entran a reventar a un pibito a una villa, ponen Horcas”.


Por Daniel Jimenez

La sala de Horcas está lejos de ser un santuario. Pero es difícil definir el papel que juega la imagen demoníaca de Osvaldo Civile desde las paredes. En fotos viejas, dibujos hechos por los fans, páginas de revistas. Osvaldito está en todas partes y se intercala entre banderas de Bob Marley y listas de temas que, por el paso del tiempo, hoy están amarillentas. Walter Meza se toma un par de minutos para observar toda la habitación en un lento giro de 360 grados. “Y... lo del loco fue fuerte, viste”, dice casi balbuceando mientras se detiene por un instante en una fotocopia color desde donde el desaparecido violero, en jeans, con el torso desnudo y guitarra en mano, desafía a la cámara con un gesto provocador. Toda una postal iconoclasta de la patria metalera argentina.

Walter ingresó a la banda como vocalista en 1997, luego de reemplazar a Cristian Bertoncelli, y se hizo dueño del micrófono. Hoy –junto a los guitarristas Sebastián Coria y Gabriel Lis, el baterista Guillermo de Luca y el histórico bajista Norberto “Topo” Yánez– resiste dentro de uno de los pocos referentes de peso que le quedan al heavy nacional.

Si no, saquen cuentas: Almafuerte, Logos, O’Connor, Tren Loco y... la nómina no se extiende demasiado. Si bien es imposible negar que existe una escena vernácula y que todavía quedan pibes que se calzan una coleta de tiburón o se deslumbran con el galope de Judas Priest o Soulfly, hay algo que es claro: por cada diez grupos de cualquier otro género que consiguen una mediana rotación en las radios de rock más populares del país, sólo uno de heavy accede a esa instancia. Y ni hablar de notas periodísticas o especiales en las señales musicales de televisión por cable.

Recostados en tres sillones que ocupan un pequeño living entre las distintas salas que comprenden este PH en Villa Devoto, Walter, Sebastián y Guillermo descansan del breve set que acaban de despachar para calentar las manos. Hoy no se ensaya. ¿Motivo? El resto de Horcas tiene eventualidades tan terrenales como organizar el mobiliario después de una mudanza. “Eso es para los que crean que todos los músicos viven en grandes mansiones. Acá todo nos cuesta mucho, por eso estamos orgullosos de estar vivos todavía”, cuenta Meza.

Vestidos de Civil(e)

Desde su ingreso, el quinteto ganó en convocatoria, las giras se hicieron cada vez más frecuentes y los discos –Vence, Eterno, Horcas, Demencial y Asesino, su último material– se sucedieron con una regularidad nunca antes lograda. Una misión que el combo se encomendó luego de la muerte de Civile en abril de 1999: mantener la llama encendida, caiga quien caiga. “Fuimos aprendiendo muy despacio. Grabamos con tipos re grossos y tuvimos un crecimiento tremendo que se nota en cada álbum, donde evolucionamos un montón. De ser una banda clásica del standard del metal argentino dimos un vuelco importante”, asegura el cantante. Coria refuerza la teoría: “Siempre apostamos a crecer un poco más, porque así es como se evoluciona. Si seguís en la comodidad de no mover mucho las cosas, tarde o temprano alcanzás un tope. Por eso hay que darles un espacio a los pibes que vienen abajo. Entiendo que es mucho más difícil para quienes hacemos este estilo soñar con tocar en Obras, pero nosotros lo conseguimos porque nos rompimos el culo. Sólo hay que convencerse de que se puede lograr”. Walter se revuelve en el sillón y suelta riendo: “¿Te pensás que yo imaginé estar tocando con Pantera o Metallica? Jamás. Y lo hice. Si perdés el sueño, perdés todo”.

Atravesar la década del ‘90 fue para Horcas como cruzar el Atlántico en una barcaza. Con la aparición en 1992 de Oíd mortales el grito sangrado lograron establecerse como uno de los exponentes más importantes de su especie, llegando a telonear a figuras internacionales como Kreator, Mötorhead, Iron Maiden y Exodus. Un año más tarde, una fuerte crisis casi deja al proyecto al borde del nocaut, debido al incesante cambio de miembros. “Toda esa década fue muy pesada. Desde 1989 hasta 1995 esto era un despelote. Que un día entraba uno, que al otro se iba, nunca se pudo mantener una formación estable y sólida, que es lo que te lleva a ser un verdadero grupo. Cuando vino Walter, la cosa se enderezó y pudimos ganar un respeto en el medio, el cual defendemos de manera terrible”, explica Sebastián.

La transformación

Desde que puso su voz en el tema Angus Young de Kapanga, Meza asegura haberse comido alguna que otra puteada de los fans más puristas por “venderse y tocar con esos fiesteros”. Al igual que sus compañeros, él entiende esta primavera rockera como una oportunidad irrepetible para dejar atrás las diferencias y generar un espacio artístico que sepa albergar a propuestas de distinto palo. Y para arribar a esas costas hay que vencer ciertas barreras: “Yo quiero seguir creciendo y no pretendo que el heavy metal sea un gueto cerrado donde nadie pueda entrar, ni salir. Porque eso conspira contra nuestra propia obra. Con los chicos hemos compartido fechas con A77aque, Turf, Divididos, Arbol, Catupecu y hasta con Karamelo Santo. Y hoy es posible porque todos fuimos creciendo, no como en los ‘90 que se armaban unas batallas campales. El que la vivió se debe acordar. Por eso es importante que Ricardo (Iorio), Logos, nosotros y los que vengan cambiemos un poco el mensaje y la estética grupal, sin necesidad de hacer algo más light”. ¿Light? Aquel desprevenido que le pegue una ligera mirada al track list de Asesino encontrará títulos poco optimistas como Pánico, Confusión, Revancha, Basura y Decadencia.

Nombres que refieren a la pequeña guerra que se libra todos los días en la esquina de cualquier barrio; fuente de inspiración de las historias mínimas que Walter vomita en papel. Para Coria, el tipo que curte la movida y “nunca se identificó con este tipo de canciones, miente. A mí me pasó de verme reflejado en temas que acompañaron mi pensamiento. Las letras que él escribe hablan de cosas simples, normales, que nos pasan a todos. Y la monada se siente representada con ese mensaje”.

Cosas rústicas

Meza se levanta para callar a un can endemoniado que ladra desde una habitación cercana, y aporta lo suyo: “Creo que en cierta forma lo que también nos impidió crecer en materia de difusión fue el hecho de cantar sobre cosas reales, y a veces la realidad no es tan linda ni tan agradable. Además, la gente se quedó en muchos casos con una imagen negativa que el heavy había cosechado en el pasado, que nos condenó a juntarnos y a bancar todo entre los que quedamos, porque nadie nos daba bola. El metal antes era más combativo porque era un momento muy especial y no se abrían puertas como sucede ahora, donde todo es mucho más pro”.

Guillermo lo grafica con un ejemplo tan simpático como cierto: “Antes, un asistente no tenía idea de cómo afinar una viola y lo único que sabía bien era traer la cerveza al escenario. Algo hemos mejorado, ¿no?”.

En los últimos tiempos, Horcas emprendió casi en silencio un periplo por distintos lugares de la Argentina, trasladando su música a rincones que jamás imaginaron y que en cada viaje les depara una sorpresa diferente. En Jujuy se toparon con una legión de metaleros que descendían la montaña en alpargatas para verlos y en la ciudad santacruceña de Gobernador Gregores tocaron para trescientas personas, a través de un concurso realizado por una radio local. “Les pidieron a los vecinos que eligieran un artista para que fuera a dar un show especial, y nos votaron a nosotros. Nos presentamos en un club muy chico y entre el público había abuelos con banquitos y familias enteras. Fue algo increíble”, se emociona el cantante.

Pero no hay anécdota en su historial que supere a la leyenda de la espada guaraní. Cuenta Seba: “Fuimos a dar un concierto a Paraguay, y cuando estábamos en pleno recital, veo a un tipo en medio del quilombo que empieza a revolear una espada gigantesca, al mejor estilo Highlander. Entonces alguien vino y se la manoteó. Yo pensaba que era de madera, hasta que en medio de un tema Walter me mira, se caga de risa y la clava en el piso del escenario, adelante mío. Ma... qué de madera, era de acero y medía como dos metros. Casi me muero” (risas).

Asesinos seriales

El quinteto se está preparando para presentar Asesino en El Teatro de Flores el próximo 17 de noviembre; extrañamente doce meses después de haberse editado. “La verdad es que arrancamos la gira y no tuvimos la oportunidad de tocar en Buenos Aires, por eso queríamos cerrarla acá, mostrando el nuevo material y haciendo un repaso de todos los discos”, acota Guillermo. Será una buena oportunidad para reafirmar el romance de la banda con su tribu. Antes de finalizar, Meza no puede con su genio y dispara contra los programadores de televisión que, lejos de ayudar con la difusión, vinculan la música de la banda con situaciones violentas sin derecho a reclamo: “Siempre pasa lo mismo. En programas como Carburando, cuando los autos se pegan un tortazo, ponen Horcas. En Comodines, cuando están por fusilar a uno, ponen Horcas. En Policías en acción, cuando entran a reventar a un pibito a una villa, ponen Horcas. Encima, cuando se lo están llevando, la cámara enfoca la pared... ¡y aparece un poster nuestro! Cuando lo vimos, dijimos: ‘Qué bonito, eh... Mirá la gente que escucha Horcas’”.

* Horcas se presenta el sábado 17 de noviembre en El Teatro de Flores. A las 21.

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jueves, junio 14, 2007

Nación Heavy: ian y horcas sacan discos nuevos

Del ventilador escupemiserias de los emblemáticos Horcas a la ortodoxia prolatinoamericanista de Ian. Este género automarginado sigue produciendo nuevos trabajos para sus seguidores de fierro. Inoxidables.



“Tuvimos ganas de ser directos.” Horcas, una de las pocas bandas emblema del heavy nacional, optó por titular cada tema de su último disco Asesino con nombres cortos, contundentes y concretos: Asesinos, Pesadilla, Pánico, Revancha, Confusión, Guerra, Basura, Decadencia, Distorsión, Amnesia; nada, claro, que ligue con el sol, la ternura y las palomas. “La sociedad te lleva a odiar sin conocer ni respetar el ser humano. Antes de hablar sobre alguien hay que informarse y darse cuenta de que en la vida hay que moverse con respeto”, sostiene Walter Meza, cantante, comenzando a orientar sobre el perfil escupe-miserias que une conceptualmente las diez canciones. Horcas, acompañado por el fiel doble bombo y su correlato de acero, llama a eliminar a las ratas que manejan la torta, a independizarse de la tele y a sacarse el disfraz “para encontrar la cura” ante la crisis mental. “Horcas es un antídoto contra el bajón, la envidia y la mierda. Es nuestra razón de existir”, sigue Meza.

La banda –alguna vez liderada por el malogrado guitarrista de V8, Osvaldo Civile– va por los 15 años y está formada, además de Meza, por Gabriel Lis y Sebastián Coria en guitarras, Guillermo De Luca en batería y el inoxidable Topo Yañez en bajo. Asesino es el sexto disco –el segundo sin Civile, quien se suicidó en 2000–, y algunos temas parecen dejarse atrapar por las tendencias “new” que bañaron al género en los últimos años. Meza lo acepta con vaselina: “Siempre se busca catalogar con nuevos nombres a la música que hacemos. Yo creo que siempre hacemos heavy metal. El hecho de buscar nuevos sonidos nos hace crecer como músicos. Escribimos sobre lo que sentimos, es todo”. Igual que en el principio motor –Reinará la tempestad– y su sucesor –Oíd mortales, el grito sangrado–, pero con un solo sobreviviente, Yañez, y sin el toque salvaje y único que Civile pudo pulsar hasta Eternos, tercer disco. “Siempre recordamos a Civile en todos los lugares en donde tocamos –se emociona Meza–. Y nos llena de satisfacción que muchos pibes que no lo vieron tocar canten su nombre, pero también nos da mucha bronca que ahora algunos se cuelguen de su recuerdo cuando lo cagaron y lo dejaron solo.”

–El heavy se asume como un género “marginado”. ¿Cuáles fueron los mayores escollos que tuvieron que soportar en estos 15 años de carrera, más allá de la muerte de Civile?

–Por suerte, siempre estuvimos unidos y contenidos por nuestras familias, y nunca nos rendimos ante nada ni nadie. Todo dependió de nosotros. Todavía hay gente que sigue pegando bajo y seguimos tocando, viajando y viendo que no hay un techo para nosotros. Logramos una familia todos lo que formamos parte de Horcas: músicos, técnicos, plomos y manager.

–¿Almafuerte o Rata Blanca?

–Horcas.


IAN EDITA “EN TIEMPOS DE REDENCION”

“El Vaticano es el Anticristo”




Mario Ian de repente se amotina y quiere volar el Vaticano en pedazos. Es, digamos, la antítesis de los evangelizados Logos. La herejía está en el track siete de su debut solista –En tiempos de redención– y se llama Nación Anticristo. ¿Volar el Vaticano, Mario? “Es una imagen que enlaza con romper esa doctrina en mi mente –dice, y sigue–. Es cortar con un sistema de pensamiento incoherente y muerto. El pensamiento del Vaticano es el Anticristo, porque es contrario a Jesucristo, que fue quien derribó la religión, la muerte y la culpa.” Es el único momento en que el ex cantante de Hellion, Alakran, Devenir y Rata Blanca se pone místico. El resto –diez tracks– es un refresco de metal algo ortodoxo con un explícito contenido latinoamericanista. “No sé si mis letras son tan políticas, eh –duda–. Quizá se vean así por el toque de idealismo y el apasionamiento en los cambios. Busco que el que las escucha pueda meditar a nivel ‘cambio de mentalidad’.”

–El tema Latinoamérica te enrola con el renacimiento del continente. ¿Sos chavista, acaso?

–A full. Me encanta El Chavo, todavía lo miro. Otro Chavo que me agrada es el Fucks de Duro de domar. Soy chavista, sí.

–¿Por qué creés que corren tiempos de redención?

–El disco es como una obra conceptual, que imagina lo que se va a vivir en nuestra tierra y toda Latinoamérica. Es una forma de integrar y transmitir artísticamente lo que viene, porque lo que se ve es miseria, injusticia, corrupción moral, búsqueda de supersticiones y religiones muertas que no dan solución. La verdad viene como una levadura que leuda toda la masa a traer un cambio real y quemar esta mentalidad de siglos.

Ian integró a su capricho personal a Gustavo Rowec (batería) y a Sergio Berdichevsky (guitarra), ex compañeros suyos durante su paso por Rata Blanca. Con ambos, el frontman ya había grabado Entre el cielo y el infierno (1993), en reemplazo de Adrián Barilari. Pero la experiencia con la banda de Giardino tuvo sus claroscuros. “Si bien entré en uno de los peores momentos de Rata, cuando se los acusaba de cumbieros y todo eso, fue algo muy creativo y divertido. Tres giras internacionales grandísimas y una fusión espectacular. Pero luego hubo un quiebre de intereses, yo me manejé como inmaduro y tuve consecuencias que me afectaron en lo personal y en lo artístico. No fui el único que le pasó eso en Rata, pero creo que lo podía haber evitado si me hubiese asesorado con profesionales.”

–¿En qué aspecto tu proyecto se reencuentra con Rata Blanca y en qué sentido se aleja?

–No hay una identificación musical con ellos. Ni Entre el cielo y el infierno se parece a Rata Blanca: era más una fusión entre ellos y yo.

–¿Te molesta que se te asocie con ellos, entonces?

–Para nada. Aunque siento que no nos parecemos en nada, el que lo asocia tiene su criterio y no me molesta. Cuando Rata fue, yo ya era alguien en el metal argentino desde años antes.





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miércoles, mayo 16, 2007

¿Nü metal? ¡Ni ahí!

EL cantante DE LINKIN PARK explica su ultimo disco y se despega del genero que lo hizo famoso: "no sonamos asi para nada".

El nü metal ha muerto, ¿viva el nü metal? Mientras el emo punk captura las conciencias de las generaciones más jóvenes (aun cuando se hayan olvidado de que "emo" viene de "emoción"), aquellos que sacudieron los espíritus a principios del siglo parecen dormir el sueño de los justos. Y entre ellos está Linkin Park, el grupo californiano que supo llenar horas y horas de MTV y que ahora espera un regreso a la alta rotación con un disco (Minutes to Midnight) donde Rick Rubin, el gran salvavidas del rock, hace sus pases mágicos y el MC Mike Shinoda pone sus fichas para renovar, otra vez, el metal del siglo XXI: "Todavía queda por ver cómo lo percibirá la gente, y si es aceptado o no, pero primero lo primero: sabemos que nos gusta, lo cual es un éxito en sí mismo, porque somos tan exigentes..."

¿Tenían pensado un concepto específico antes de hacer el disco?

-Rick Rubin nos preguntó qué clase de disco queríamos grabar y nosotros le dijimos que no queríamos hacer la tercera parte de una trilogía. Hybrid Theory (2000) y Meteora (2003) eran sólo un primer capítulo y nosotros sentíamos que ya habíamos agotado el sonido de aquella fase de nuestra carrera. No queríamos meter más las manos en esa lata de galletas. Queríamos algo nuevo, pero al mismo tiempo manteniendo la personalidad de la banda, para que cuando lo escuchen sepan que es Linkin Park. Pero éste es un tipo de álbum esquizofrénico, está por todas partes.

¿Tuvieron que encontrar un nuevo camino para canalizar su música?

Bueno, el disco es realmente orgánico. Antes tratábamos de escribir de una manera matemática, pero no en el sentido de que fuera basado en fórmulas sino que nosotros pensábamos en cómo sumar las partes. La nueva manera en que escribimos para hacer Minutes to Midnight fue muy fluida, casi como que cada cosa que nos venía a la mente... la volcábamos ahí.

Algunas bandas que fueron grandes hace pocos años, como Limp Bizkit y Körn, tuvieron que aceptar que dejaron atrás sus mejores días. Admito que escuché tu disco pensando lo mismo de Linkin Park...

El tiempo sigue cambiando para todas las formas de arte y uno tiene que seguir empujando lo que hace hacia el próximo nivel: en algunos puntos tenés que estar al paso y en otros, ir en contra de lo que la cultura popular está siguiendo. Si mirás a los sellos discográficos y a todos los lugares donde están invirtiendo su dinero, hay escenas definidas y estilos que suenan todo el tiempo por la radio. La gente se lanza sobre ellos sólo porque son el hit del momento, así sea emo punk, o gótico, o lo que sea. Nosotros siempre hicimos lo nuestro; aun cuando la gente trató de etiquetarnos como nü metal o rap rock.

Pero eran parte de una escena que fue muy importante hace unos años...

Si nos comparás con cada una de las muchas bandas que estaban en aquella escena, nosotros no estábamos haciendo lo mismo. Yo pienso mucho en las bandas más exitosas que surgieron al mismo tiempo que nosotros, y en las que permanecieron; ésas son, espero, las más originales.

¿El hecho de que ustedes fueran tan diferentes es también la razón por la que pudieron expandirse en tantas direcciones con este disco?

No puedo hablar mucho sobre las otras bandas que fueron y vinieron durante el tiempo que tardamos en hacer nuestro disco. Pero la gente nos encasilló en el nü metal y el rap rock, y nosotros nunca sentimos que pertenecíamos a esa escena. Con este disco dijimos: "Esta es nuestra oportunidad de dejar definitivamente atrás todo lo demás". Estamos realmente contentos de cómo anduvieron nuestros dos primeros discos, pero vamos a cerrar ese capítulo y a comenzar otro. Si van a tratar de etiquetarnos como nü metal, entonces van a tener que redefinir el nü metal porque lo nuestro no suena así para nada.

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viernes, febrero 23, 2007

DIEGO ABREGO, IMPUTADO

DIEGO ABREGO, IMPUTADO
Metalero en suspenso

El año pasado organizó un festival a beneficio en plaza Constitución sin permiso. Ahora lo quieren multar, o encerrar. El no se achica y dice : "Hay que aprovechar esta situación".


http://www.clarin.com/suplementos/si/2007/02/23/3-00301.htm
Txt. Gonzalo Chaves.



Ya son conocidos, en la era post-Cromañón, los huecos en la legislación para hacer espectáculos: no contemplan a los más chicos por todos los requisitos que exigen. El caso de Diego Abrego, imputado en la causa 13.902 de la Fiscalía Contravencional Nø 4 a cargo del Dr. Arbizu da cuenta de esta situación. El 29/04/06, Abrego organizó un festival del palo para homenajear al suicidado Osvaldo Civile (Horcas) en el que también se recaudaban alimentos para el comedor comunitario del pasaje Ciudadela y Salta. Convocó a su banda, Exocet, a Razones Conscientes y a las tachas para un festival en Plaza Constitución a puro metal. Pero la cosa salió mal: cayó un inspector y pidió el permiso que no tenían.

Los "recaudos de organización y seguridad" (baño químico, personal de seguridad, corte de calle, ambulancia, entre otras cosas) fueron omitidos y a Diego le iniciaron una causa por violar el código 96 del Código Contravencional de la ciudad. Este dice: "Quien omite los recaudos de organización o seguridad exigidos (...) es sancionado con multa de 2.500 pesos a 30 mil, o arresto de 5 a 30 días". Pero Diego, metalero viejo, no se achica: "Me ofrecieron arreglar con tareas comunitarias pero les expliqué que eso era lo que había hecho, juntamos alrededor de 500 kilos de comida". Y agrega: "Me hago cargo de que no tenía los permisos necesarios y puedo frenar todo esto, silenciarlo, pero no sería beneficioso. Cuando hay una brecha en el sistema hay que atacarla, porque si no va a seguir ahí. Si se puede sacar algo positivo de todo esto, hay que aprovecharlo. También podría aceptar comprar los 200 pesos en mercadería para un comedor pero prefiero que esto se dé a conocer, que se haga quilombo, ir en cana si es necesario. Pero que se despierten todos y vean que no están haciendo bien las cosas. Tienen que entender que no es lo mismo el circuito under que el comercial".

Ahora, el metalero postulado como legislador de la Ciudad por el partido de Las Asambleas del Pueblo en el '05 espera la tercera citación de la Justicia. Pero antes, llama a los que se sientan identificados con esta situación a juntarse el miércoles próximo a las 20 en el Paseo de la Resistencia (Av. de Mayo 649), "para ver cómo nos plantamos".

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