viernes, julio 06, 2007

LA MALA RODRIGUEZ "No quiero odio en mi corazón"

La muñeca brava del rap hispano cruza el Atlántico y aunque canta sobre violencias cotidianas, ahora sólo quiere amar...


Txt. Mariano Del Aguila.
mdelaguila@clarin.com


Con un microfonazo en la boca, la cantante deja fuera de combate al desubicado. "Pa' que aprendas modales", le escupe y se gana automáticamente el respeto. Es así, si te zarpás con alguien a quien apodan La Mala, te vas a enterar por qué. Ocurrió en Montevideo, hace dos años, pero para María Rodríguez fue inolvidable. "Ay Dios mío. El tío y sus amigos empezaron a tirarme agua, a fastidiar. Y en el escenario, la maestra de ceremonias soy yo. Así que... me dije que sea lo que deba ser'. Y el show había arrancado mal. Pero se puso guapísimo, ¡la gente estaba colocada, y yo, wuuu, más colocada todavía! ¡El ambiente cargadísimo, fue muy loco! De los mejores shows, siempre lo recuerdo", dice por teléfono, desde Madrid.

Si no escucharon de ella antes (ni cuando Paz Vega hizo un striptease en la película Lucía y el sexo al son de La cocinera), sépanlo: esta es la lengua más sexy, rápida y condimentada del rap en español. María Rodríguez Garrido, nacida en Cádiz, criada en Sevilla. El 12 de julio se editará en el país Malamarismo (su tercer disco) y el 5 de setiembre pasará por encima de las cabezas, en Buenos Aires. Así que cuiden sus modales.

La Mala aprendió a rapear en las calles, a los 15 años. "Quería ser como la cantante de Digable Planets. ¡Pero qué va! En el primer directo, cuando empecé, me salió una voz de camionera", recuerda. Su primer disco (Lujo ibérico, 2000) captó la atención: rap enérgico y juguetón, lejos del farfulleo egocéntrico y monotemático calcado del Bronx. Los puristas del hip hop podrán discutir si canta, rapea o frasea. Ella es más amiga de los climas y las reflexiones y cierta oscuridad presente en Alevosía (2003). "Sería complicado hablar de un solo tema concreto en una canción. Hago otro tipo de escritura, más surrealista. Cosas de mi imaginación mezcladas con realidad, deseos, experiencias, mis vivencias".

-O la actualidad: "Nanai" es bien bailable, pero habla de violencia de género.

-Sí, pero con montón de ironía. Es que de toda esa mierda trato de reírme. Es complicado, pero creo que la mujer tiene lo que permite, si no lo quieres no lo permitas.

La Mala vive en Madrid, pero nació ahí donde anclan (cuando no se hunden) esas endebles embarcaciones llamadas "pateras". "Para los africanos, es la puerta sur de Europa. A mí me parece bonito que si alguien encuentra una solución para su vida, entre por ahí". Y ella toma parte: cuando España se planta xenofóbica y blinda fronteras, María pega. "El río de la muerte está lleno de pateras", rapea en Jura y gana. O va al grano con Miedo: "Esa realidad está en mi cabeza. Hago canciones para sentirme bien y para comunicarme con los demás. Sólo lo saco a la luz, no estoy lanzando ni un plan de gobierno, ni un plan de evacuación de allí pa'cá... Todos podemos ser inmigrantes en cualquier momento. Tienes todo el derecho a buscar algo mejor. Y los que tienen problema con eso, ¿tienes miedo?".

-¿Cómo salió un tema tan directo?

-Mahoma hizo la lírica, muy agresiva. Yo planteo una reflexión, con más humor. Porque las canciones de inmigración son: "Pobrecito, el inmigrante". ¿Pobrecito por qué? Todos podemos elegir, también eso es capitalismo. Cruzar tus barreras, esforzarte, ser todo lo que te propongas. Esto no es Etiopía o la India, donde tienes un destino escrito desde que naces.

Mahoma es un rapero cubano, padre de Karel, el hijo de Mala Rodríguez. "Conocí mucha gente en Cuba, todo el mundo ahí te pasa mucha energía, Son un pueblo lindísimo. Los admiro muchísimo. Con este embargo que los tiene tan mal, es una lucha de la mañana a la noche. Es fácil hablar de ellos desde afuera, como hacen los que están en Miami. Si hay alguien que puede sobrevivir a todo, son los cubanos".

-¿La salud mental te preocupa? Un tema se llama "La loca" y otro, "Enfermo".

-Pues sí. Es un tema de completa actualidad. Pues mi madre trabajó en un psiquiátrico y de chica he tenido la ocasión de ir pa'llá, estar haciendo los deberes. Y aparte, uno tiene sus problemas. Y con las adicciones, si uno se pone trascendental, no podemos vivir sin estar enganchados a algo. O eres adicto al sexo, o a las drogas, a la televisión o a pegarle a tu mujer o a coleccionar cositas. Ese estado de paz budista... no somos capaces de vivirlo en esta sociedad.

-¿Y vos cómo la llevás? ¿Te cambió algo haber sido madre?

-Bueno, yo qué sé, fue un cambio radical, muy lindo. He vivido el embarazo de gira. Y se ha sentido muy bien. Me ha quitado odio... Ahora lo que quiero es amar, no quiero odio en mi corazón.

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jueves, mayo 03, 2007

el hip hop tuvo su cumbre regional

“Esto no es una postura, buey”

Mensaje de integración, reivindicación de la autogestión como estilo de vida, opción de vida en los sectores más pobres, como vía de transformación sociopolítica, y repudio hacia el gangsta rap. De todo eso se habló en Santa Fe. Y se danzó, claro.


Por Mario Yannoulas

Desde Santa Fe

”Yo nací en una villa, donde la gente te enseña a disparar y no a hablar. Ahora estoy limpio, tranquilo, con mi papel de buena conducta encima. Es lo mejor que tiene esto. Esto no es una postura, buey, es estilo de vida, es hip hop”, dice Guillermo, más conocido en Mendoza y Santiago de Chile —-donde vive— como MC Ghetto. Palabras más, palabras menos, así plantó bandera la comunidad hip hop latinoamericana (o sus adolescentes cimientos) el último fin de semana en el Parque Sur de la ciudad de Santa Fe, durante el Primer Foro Argentino de Cultura Hip Hop. Nacida del impulso de un puñado de jóvenes de Santo Tomé —cerca de la capital santafesina—, la propuesta sumó adherentes hasta lograr el propio apoyo oficial de la Secretaría de Cultura de la Nación y convertirse en un evento de alcance internacional.

La idea fue hacer conjugar los cuatro elementos esenciales de la cultura hip hop: hubo graffiteros reconocidos —hasta un visitante francés—, breakdance, dj’s (con su clásico y patentado scratching) y Maestros de Ceremonia (MC) de verba filosa. Además de presencias locales como las Actitud María Marta (ver nota central), Iluminate y El Escuadrón de Rimas, desde Chile llegó Legua York; desde Uruguay, La Teja Pride; y desde Bolivia, Arma Letral. “El hip hop no tiene caretas, es una realidad que se vive, y realmente puedes expresar lo que sientes sin aparentar algo que tal vez no eres, lo que la sociedad quiere que seas. Cuánta gente no ha cumplido sus sueños por entrar en el manejo de la sociedad. No hay que dejar que eso pase, y nuestra herramienta para eso es el hip hop”, expone Sdenka Suxo, parte de Arma Letral y coordinadora de la Organización Komunidad Raptivista Urbano de La Paz.

La convocatoria no llegó a ser masiva, pero lo que sí se logró fue un nivel de concurrencia propio de aquellas propuestas que llevan consigo algo de contracultura, busquen o no erigirse como tales. Quedó claro que se trata de una franja en expansión y que, si bien en la Argentina el proceso fue más paulatino que en el resto de Latinoamérica y otros países del mundo, de a poco se acercan más adeptos. Los conceptos principales: el mensaje de integración entre movimientos nacionales y dentro de los propios países, la reivindicación de la autogestión del hip hop como estilo de vida, como opción ante los problemas de la juventud en los sectores más pobres y como vía de transformación sociopolítica, el repudio hacia el gangsta rap tan difundido por MTV y el blin blineo (la ostentación de lujos) de artistas que inundan los charts estadounidenses, y una consensuada admiración hacia ciertas expresiones del rap cubano.


Además de los componentes básicos, al evento se sumaron la proyección de un documental, la exposición de una fotógrafa especializada y debates acerca de la naturaleza del movimiento. “El hip hop tiene conciencia de clase y dirección política, se vincula con lo que plantea Chávez del socialismo del siglo XXI, del sueño bolivariano de la patria grande”, señala Lulo, de Legua York. Prendas de tela sobrante, ropa deportiva y gorras con visera se hacen ver por doquier sábado y domingo como herencia del originario movimiento de los barrios pobres del país del norte. “Nosotros no somos copia de Estados Unidos, no le rendimos honores a la puta madre patria española, nos cagamos en esa mierda. Nosotros somos latinoamericanos”, marca Lulo.

En el espacio que separa el escenario de las gradas se desarrolla la competencia de breakdance, en la que los b-boys se enfrentan uno contra uno y en tandas de tres pasadas miden sus habilidades de baile. Pese al formato competitivo, los lazos comunitarios se estrechan cuando los confrontados se abrazan con su rival antes y después de competir.

Por su lado, los graffiteros forman una especie de subcomunidad integrada a la gran familia hip-hopera. Aquellos que se dedican de lleno a la pintura en aerosol se mueven por el mundo parando en casas de colegas, intercambiando espacios e información artística. Durante el desarrollo del Foro, trabajan en paralelo al resto de las actividades. Dos de ellos son referentes en la Argentina, y otro en Brasil, uno de los países pioneros en el arte del graffiti urbano de Latinoamérica. Poeta usa el aerosol desde los 17 años y da clases de graffiti en su Villa Ballester natal.

“Trato de ayudar a que en mi barrio crezca el hip hop como cultura y forma de vida. Es una manera de canalizar problemas que todos tenemos y de mostrarles a los jóvenes que cuando hagan las cosas con el corazón siempre se les va a abrir un camino”, explica. Roma, el otro destacado graffitero argentino, cuenta que en algunos países la técnica no está bien vista. “Eso también se debe al bombing, cuando no se pide permiso para pintar. Algunos lo hacen sólo por vandalismo, pero otros lo usan como medio de expresión, es como una droga darles a los trenes. Aunque si me pintan la pared de mi casa, ¿qué onda? Yo soy partidario del muralismo porque te permite dedicarle más tiempo, generar otro impacto y lograr algo más rebuscado”, reflexiona.

Tanto él como Poeta indican que trascendieron el umbral del arte hip—hopero y arribaron a un estilo que, dice Roma, la voz del pueblo llamaría “mutante”. Bruno Morgado nació en una favela de Río de Janeiro, empezó con el graffiti hace ocho años y hoy trabaja ad honorem en los barrios pobres instruyendo a jóvenes en el arte del aerosol. “Es muy importante el trabajo de Poeta y Roma en la Argentina, pasarles esa información a chicos de barrios carenciados para el futuro crecimiento del graffiti. En Brasil esa proyección ya se dio, justamente porque aquellos que dominan el arte están enseñando gratis en los barrios pobres. Brindar un mensaje positivo, darles una actividad para ocupar su tiempo libre en la calle, enseñarles lo que no deben hacer y transmitir arte, ésa es la misión”, explica.

A todo esto, la organización tiene en mente un segundo encuentro a realizarse en menos tiempo del esperado, con miras a dar un nuevo empujón a lo que se inició el último fin de semana sentando precedente. Por lo pronto, las voces cantantes prometieron la emisión de un comunicado que resumiera los principales puntos discutidos en el Foro y diera fiel testimonio de esta postura combativa.




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