sábado, septiembre 22, 2007

la umi contra el gobierno

El día en que el rock demandó al Estado


Por Cristian Vitale

Escena post-Cromañón. Mediano plazo y dos líneas encontradas. Condensación y concentración de espacios, recurrencia de propuestas e histeria rockera. Mañana empieza el Pepsi Music y muchos grupos dieron el alma por estar. Ningún cachet –a veces lo contrario–, ninguna promesa, sólo la “oportunidad” de tocar en algún lugar para alguien. Una linda vidriera en el desierto. Otra que merece menos omisión aún: la del movimiento independiente que se mueve como Don Quijote, pero se mueve al fin. A ese caballo está subida la UMI. El 15 de febrero inició una acción declarativa de inconstitucionalidad ante el Tribunal Superior de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Objeto? Mejorar las condiciones en que se realiza música en vivo en Buenos Aires. ¿Propuesta? Que se declare inconstitucional toda normativa que exija o regule la necesidad de permisos, habilitaciones o autorizaciones específicas para la actividad. “No puede ser que tocar una guitarra cambie las condiciones de seguridad de un lugar”, vive diciendo Diego Boris, presidente de la Unión desde hace cinco años.

El 18 de abril, el juicio fue declarado admisible por tres de los cinco jueces del Tribunal. Y la semana pasada llegó la ansiada audiencia pública. En una tarde de lluvia, Esteban Agatiello –letrado y tecladista de Ritcher– y el mismo Boris expusieron sus razones ante el Tribunal; Víctor Zamenfelt, las suyas como asesor letrado de la apoderada del gobierno, María Cristina Mascialino, y Luis Cevasco, las de la fiscalía. Agatiello bombardeó a preguntas: “¿Acaso la música en vivo cambia las condiciones de higiene, seguridad, salubridad o de señalización? ¿Acaso la actividad en sí misma es peligrosa o lo son las condiciones en las cuales se desarrolla? ¿Qué es lo que vuelve peligroso un establecimiento? ¿Las condiciones en que se encuentre o que haya una persona que toque una guitarra? ¿Acaso la falta de música en vivo resulta sinónimo de seguridad?”.

Boris sacó la guitarra frente a los jueces y tocó: “¿Alguien se sintió inseguro?”. Cevasco los acusó de pretender una anarquía normativa, y Zamenfelt no le fue en zaga: “La necesidad de contar con permisos especiales para la realización de espectáculos musicales no puede ser considerada absurda, porque cada actividad tiene su propia especificidad”.

¿El nudo? El gobierno exige a los espacios un permiso especial, con 15 días de antelación, sólo si se trata de un espectáculo musical. “Como músicos no podemos aceptar que se instale el concepto de que la música en vivo es un elemento peligroso para la sociedad”, sostiene la UMI. En dos meses estará la sentencia. Mientras, los megafestivales y el circuito restringido de espacios sigue siendo un corralito demasiado cómodo. Y, sobre todo, arbitrario.

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martes, abril 24, 2007

Pero Están Equivocados! / Miercoles 01-02hs **FM La Tribu 88.7**

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Hoy en PEE todo el STONER DE...

LOW VALIUM

http://www.lowvalium.com



y ademas....

EL OJO DE VIDRIO (por MArtin DEBASER)

PLAGIOS INCONSCIENTES (por Ro-Man B)

El Negro Te dice (x el Negro)

etc (mentira, tenemos 1 hora, je)

para escucharla online http://www.fmlatribu.com

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lunes, abril 16, 2007

Hollywood en Haedo

farsa estrena su superproduccion: una peli de ciencia ficcion sobre... filmar peliculas.

Txt. Nicolás Artusi.
http://www.clarin.com/suplementos/si/2007/04/13/3-00301.htm


El único rebelde bueno es el rebelde muerto", dice el represor y la máxima podrá ser lema de un Estado totalitario o alegoría de las dificultades del cine inusual. En Filmatrón, la superproducción de Farsa que hoy tiene su "premiere mundial", un grupo de rebeldes quiere filmar su propia película en un futuro vetusto de teléfonos Entel y televisores Zenith que, por su aparatología, parece detenido en 1976. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.

"Fue la pesadilla del productor", dice el director Pablo Parés acerca de su película, la que recrea un Hollywood en bonaerense. Así como un litro de sangre pesa más que un litro de lágrimas, las pelis de Farsa se oponen al canon del Nuevo Cine Argentino sin adolescentes turbados ni tardecitas lluviosas, más bien: zombies y mutantes. La productora que parió algunos de los clips más originales (Arrancacorazones, de Attaque 77, o Uno los dos, de Miranda!) evita el soundtrack indie y echa raíces en su natal República Separatista de Haedo: el leit motiv es Palabras, la primera canción de Arbol post Edu Schmidt. Hoy, Filmatrón compite en la Selección Oficial Argentina del Festival de Cine Independiente. "Lo mejor de todo es que la película nació cuando nos rebotaron Plaga Zombie en un BAFICI anterior", revela Pablo. "Nos dijeron: "Acá, ¡nada de terror!'".

—Ahora, ¿es la venganza de los nerds?

—No, porque no destila bronca ni se hizo desde el resentimiento. A Filmatrón la van a comparar con una película de verdad.

En su propio mundo pixelado por Megamán (fichín histórico) o herido por un sable láser, en esta farsa de Farsa el héroe elige su propia aventura: Walter Cornás será un geek obsesionado por el animé y Berta Muñiz hará de "El Gordo Héctor", el único conductor del único canal de TV del país, o una parodia del futuro patético de un VJ de MTV.

Si el refrán mafioso sugiere casualidad ahí donde hubo premeditación ("que parezca un accidente"), para Pablo, el bajo presupuesto no será un obstáculo: "Una escena puede ser igual con 10 millones de dólares o con 2 pesos. Cuando no conseguimos lo que queremos, simple: cambiamos el guión. Si no hay plata, que parezca una elección".

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