viernes, julio 13, 2007

ROMEO STODART

Melodías desencadenadas


Antes de su debut porteño, la voz lider de magic numbers habla de lAS CANCIONES DE amor, de sus influencias y de su capacidad para generar hits.


Txt Facundo Lozano.

Los Mamas & the Papas del nuevo milenio", se encargaron de decir absolutamente todos los diarios y revistas alrededor del mundo, cuando The Magic Numbers apareció, amablemente y sin golpear puertas, a fuerza de canciones para tararear a los gritos.

Sin embargo, Romeo Stodart (líder, cantante y principal compositor del grupo), dice: "The Mamas & the Papas no me gusta. Creo que demuestra vagancia el hecho de que nos comparen con esa banda sólo porque somos dos hombres y dos mujeres. No tuvieron ningún tipo de injerencia en nuestra música". En medio de la conversación, Romeo comenta que los sonidos que fueron importantes para la banda son los souleros que salían del sello Motown, también los canadienses The Band, Johnny Cash y los Beach Boys.

Magic Numbers es una banda que comenzó a hacerse conocida a principios del 2005 con la canción que sería el corte más popular del grupo: Forever Lost. Y este 27/7 tocará en The Roxy en el marco del Bacardi B-Live. Para conseguir entradas no tenés más que entrar al sitio www.bacardi blive.com.ar.

Alguien podría imaginar que el hecho de tocar entre hermanos fue planeado, pero todo lo contrario: "Sean (baterista) y yo tocamos juntos durante 8 ó 9 años en una banda y de un día para el otro se fueron todos los integrantes, así fue que terminamos tocando con mi hermana Michele y Angela. En un momento nos dijimos esto no es nada cool', pero lo disfrutábamos mucho y por eso seguimos".

Por si todavía no ubicaron a la banda que abandonó el programa Top of the Pops porque el conductor hizo un chiste en alusión a los kilitos de más que portan, tienen que recordar la publicidad de un coche, donde una chica anota con rouge su número de teléfono en la luneta mientras suena Love's a Game, canción compuesta por Stodart.

-¿Creés que son una banda retro?

-Si bien muchas de nuestras influencias son de los 50, 60 y 70, nosotros tratamos de hacer algo nuevo, pero con influencia de las cosas que nos gustan. No queremos ser una banda del pasado, sino algo nuevo. Tratamos de recuperar la idea de que lo principal es la canción.

-Fueron banda soporte de artistas como U2, Brian Wilson, Sonic Youth y Flaming Lips. ¿Qué significa esto para vos?

-Significa muchísimo. Haber tocado con Brian Wilson para mí fue lo más, porque yo crecí escuchando Beach Boys y en algunos conciertos terminamos haciendo armonías juntos (canta una canción de ellos). También es impresionante que un artista que vos escuchás te diga que le gusta lo que hacés y que quiere que abras en sus recitales.

-Algunos de tus detractores dicen despectivamente que hacés música fácil de escuchar. ¿Qué opinión te merece este comentario?

-La gente puede decir lo que quiera. Pero me parece que la música de la que hablan es la que suena en un ascensor y aunque no somos Metallica o Pantera, los que nos ven en vivo se sorprenden mucho por la fuerza con la que sonamos.

-¿Cómo tomás el hecho de haber compuesto varios hits?

-Todavía estoy en las nubes con todo este éxito. Pero en lo que hace a mis ambiciones, yo quiero componer canciones aún mejores, tener más hits y que un álbum llegue al N° 1.

-Casi todas tus canciones hablan de amor. ¿Cuántas veces sufriste por una mujer?

-(Empieza a reírse) Así es la vida. Las mujeres me van a llevar a la tumba, es verdad que escribo bastante sobre el amor, pero mi madre se llama Julieta y me puso Romeo, por lo tanto es como un tema jodido e inevitable.

-¿Te gusta algo de la música que se hace ahora?

-Me gusta la electrónica no convencional, que no es pum pum.

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jueves, julio 05, 2007

sonica, una escuela para pinchadiscos

DJ no se nace

El mundo de la mezcla se está profesionalizando. La actividad de mixturar sonidos se aprende en aulas, con programa académico, cuerpo docente y exámenes que incluyen aplazos.

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Por Javier Aguirre

Atención: el perfil del DJ está cambiando. El aspirante a pinchadiscos o a “hacedor” de música electrónica pronto ya no será más el de un solitario e intuitivo y autodidacta, ni podrá sufrir acusaciones de improvisado por parte de quienes tengan una formación musical más tradicional. En la Argentina, la actividad del DJ se enseña y se aprende en aulas, con programa académico, cuerpo docente, exámenes y toda la esperable retórica escolar. Es el caso de la Escuela Sónica, que ya va por su sexto año lectivo para su carrera de Producción Musical en PC y para su batería de cursos afines (DJ inicial, DJ avanzado, DJ de Scratch y Hip Hop, Manejo de Editores de Audio, Grabación en Home Studio, Masterización, Mezcla). “A mí me permitió escuchar la música quizá de un modo más matemático; aprendí a escuchar los temas no como un todo sino como una suma armónica de varios elementos y a entenderla un poco más en profundidad”, explica la DJ Flor Martínez (www.myspace.com/flormartinezz), egresada-estrella de la escuela, y ganadora de la última South American Music Conference.

Sin embargo, la idea de un aula llena de estudiantes de música dance está peligrosamente cerca de imaginar una “locademia” de DJ. Alguien podría levantar esas banderas que asocian alegremente la idea de “DJ” a la de “chanta”, hacerse el pícaro y preguntar si en la currícula están incluidas “Recibimiento de Groupies en Cabinas II”, “Teoría y Práctica del Downloadeo de Antivirus” o la materia-filtro “Principales Corrientes del Loopeo del Gritito ‘Uh, Yeah’”. “Uf, prejuicios dentro del mundo de la música hay miles; y no sólo entre el rock y la electrónica”, se fastidia Flor Martínez. “Es cierto que muchos DJ se limitan a ‘pasar música’, pero muchos tocaban instrumentos tradicionales y los abandonaron porque la música electrónica les resultó mucho más versátil.” Y agrega: “Igualmente, hoy en día ya no está tan marcado el prejuicio como hace un tiempo. Hay bandas de rock electrónico, como 2020 o LCD Soundsystem, y músicos de rock que incorporan elementos electrónicos en sus discos, con Gustavo Cerati y el Indio Solari a la cabeza”.

“Cuando el prejuicio invade, muchas veces se habla mal y sin fundamentos”, interviene el productor Alvaro Obregón, otro egresado de Sónica, que actualmente reside en España. “Pero una cosa hay que saber: el DJ no interpreta ni ‘toca’ música, sólo la reproduce con cierto estilo”, aporta quien fuera ganador de la Red Bull Music Academy, edición 2006; y amplía: “La música electrónica no es música hecha como la que toca un guitarrista con su banda de rock, claro que no, pero seamos conscientes de que mucha de la música electrónica está producida por una persona, y esa persona ha diseñado el bajo, la percusión, los pads, la melodía, la armonía, los acordes y todo, abarcando con su producción un amplio espectro de la música”. Fin del momento polémico.

De manera similar a la que ocurre en otras escuelas privadas (de otras disciplinas menos nuevas y, por tanto, menos permeables al prejuicio), el estudiante de DJ, al egresar, cuenta con ciertas ayuditas, que bien podrían ser comparadas con tutorías o tesinas. Por ejemplo, la realización de algunas fechas, organizadas por la escuela, para que el estudiante tenga su debut oficial pinchando en público. O como la edición de discos de los egresados, a través del sello virtual de Sónica, cuyo catálogo ya suma 17 trabajos (en www.escuelasonica.com.ar).

Flor Martínez sabe que —también para los DJ— el camino del saber es infinito. “Nunca voy a decir: ‘Listo, ya sé todo lo que puedo saber’. Hoy uno dispone de muchas más herramientas que hace cinco años. Seguro que seguirán saliendo cosas nuevas, y si uno quiere estar al tanto, hay que aprender todo el tiempo.”

Más allá del debate sobre los elementos artísticos que hacen a un DJ, el dato que surge es que una escena tan cambiante como la electrónica ya empieza a proponer métodos de capacitación y técnicas de trabajo. Y ojo: si bien los 570 inscriptos que tuvo Sónica para su primera cursada 2007, o el hecho de que sus tarifarios de matrículas aparezcan publicados en pesos, dólares y euros, puedan inducir sólo a mirar la parte de negocio que hay detrás de una escuela privada, también es simplista ser más pappistas que Pappo.


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jueves, abril 26, 2007

capsula, de buenos aires a bilbao

Hijos del camino

A fines de los ‘90, Coni Lisica y Martín Guevara cargaron un par de equipos y se mandaron a Europa a ver cómo giraba el mundo. Allí tuvieron una hija y vivieron de gira en una furgoneta. Y aunque en España los consideran un grupo local, ellos dicen: “Somos una banda argentina”.


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La plaza Serrano, en el corazón de Palermo tasty, es parada obligada para los amantes de las giras nocturnas. Bajo una lluvia torrencial y soportando un frío inusual para el mes de abril, la bajista Coni Lisica, y el cantante y guitarrista Martín Guevara se refugian en el primer piso de uno de los bares que circundan ese oasis de cemento. Coni y Martín son pareja y socios musicales de un proyecto argentino con gusto a post punk que nació en Buenos Aires y se curtió en la Iberia sumergida —más precisamente en Bilbao— y que lleva el nombre de Capsula. Para rastrear el árbol genealógico de la banda, tomando como referencia el look de los dos músicos, habría que buscar las raíces en Detroit o el West End, y no en Córdoba y Dorrego. Pero sí, son de acá nomás. La pareja, que además del escenario comparte sartenes, ollas y una pequeña hija de cinco años, decidió en mayo de 1998 volar a Europa a buscar su destino con unos pocos billetes, un par de equipos y una máquina de secuencias. “Antes del primer show ya nos pintó irnos, porque teníamos un contacto en Toledo que quería que fuéramos para allá, así que nos mandamos. No fue una reacción contra algo en especial sino que buscábamos por otro lado”, afirma Lisica.

A finales de la década del ‘90, el rock barrial aún era una generosa canasta de la abundancia que sostenía el mercado argentino e involuntariamente iba a fragmentar la escena nacional. Con Los Piojos en su mejor momento, La Renga erigiéndose como la bandera de los descamisados y Los Redondos aún en actividad, no había mucho espacio para propuestas alternativas. Al menos así lo recuerda Martín: “El rock chabón estaba a full y nosotros nos movíamos en otro ambiente, más cerca de Los Látigos, San Martín Vampire y los Demonios de Tasmania. Lo que quiero dejar bien en claro es que no nos fuimos a España porque escapábamos de algo, ya que hubiera sido lo mismo viajar a Chile o Japón. El tema era salir un poco”.

Luego de una breve estadía en el pueblo de los mil cuchillos se trasladaron a Madrid, donde comenzaron a gestionarse los primeros shows y a deambular en una furgoneta, subiéndose a cualquier mínimo indicio de aventura. Y la señal llegó desde Inglaterra: “Tocar mucho nos facilitaba las cosas, así que nos fuimos a Londres de lanzados”, asegura este clon de Jack White. Allí, como tantos otros músicos, el dúo se enamoraría a primera vista de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo y recibiría la primera sorpresa. “Al principio tenés la sensación de que todas las esquinas fueron tapa de algún disco y que cada lugar que pisás es un pedazo de historia”, cuenta Coni, con la segunda cerveza sobre la mesa. “Sin dudas, uno de los mejores momentos que pasamos se produjo cuando regresamos a Bilbao y nos enteramos de que nos habían metido en el cierre del tour de los Super Furry Animals”, comenta excitada. Su pareja suscribe: “Al otro día estábamos en todos los medios, lo que nos ayudó para tocar más seguido, ya que en todos lados nos empezaron a conocer más porque se enteraron o nos vieron en una revista”.

Sin manager a la vista y trocando las máquinas por sangre vasca —se sumó el baterista Lázaro Fariñas—, los Capsula se largaron a recorrer distintos países teniendo sólo como norte su próximo concierto. Los kilómetros consiguieron nuevos escenarios y los nuevos escenarios atrajeron a la prensa. “Estamos a tres horas furgoneta de Burdeos y de Toulouse, lugares que descubrimos viendo cómo funcionan las cosas allá, que es tocando todos los fines de semana”, explica Martín. En Inglaterra, los medios especializados los comparan con Sonic Youth y los Stooges, y en España se golpean el pecho hablando orgullosamente de la “sensación del rock español actual”. ¿Qué piensan ellos? “Al principio éramos un grupo que venía de la Argentina, pero con el paso del tiempo nos tomaron como una banda de allá; es todo muy raro. En Burdeos, por ejemplo, nos tienen como un grupo local”, apunta Lisica. Y agrega: “El lugar de donde proveníamos iba a ser siempre claro e iba a estar en nuestra historia, más allá de que al girar de un sitio a otro nos dimos cuenta de que eso no era tan importante. Igual, somos una banda argentina”.

Después de pasar por algunas de las más prestigiosas salas de Londres, Berlín (donde fueron invitados por la crew de Peaches), Holanda, Bélgica, Francia e Irlanda, lograron editar el vital Songs & Circuits, un disco de canciones infecciosas en plan garage electro-pop que fue masterizado en Nueva York nada menos que por Greg Calbi, quien trabajó junto a David Bowie, Television y The Raveonettes. A diferencia de algunos colegas que intentan probar suerte en el durísimo ambiente europeo, Coni y Martín nunca debieron enfrentarse a la no tan romántica novela del sudamericano idealista que en busca de su porvenir se pasa horas lavando copas sucias en la cocina de un bar madrileño. Explica Guevara: “Nosotros ganamos más de lo que perdimos, aunque nunca tuvimos una expectativa de dinero; todo va llegando. Y ojo que tampoco ganamos mucha guita con esto, salvo un cachet mínimo, que si bien no te da como para comprarte un coche o una casa, te permite vivir un poco mejor”.

En medio de los viajes interminables arriba de la furgoneta y la vorágine que supone el hecho de autosustentarse en un mercado difícil y adverso para músicos sudacas, el fruto más preciado no tardaría en llegar. Y, refutando la leyenda tan sólo por algunas millas, esta vez no vino desde París sino que los sorprendió en Bilbao. “La nena es producto del rock”, lanza orgullosa su mamá. “A los quince días de nacer ya estábamos tocando en vivo, así que cuando salimos a la ruta viene con nosotros en la Traffic. Es increíble, ya tiene su propia bandita que armó con compañeros del kinder.” Al parecer, la fascinación por el arte no es algo casual en la familia Capsula sino que está marcada desde las raíces. Al menos de papá: “Yo desde pibe vi al rock como una cuestión de vivir de gira. Mis abuelos eran de una compañía de radioteatro y se la pasaban todo el tiempo yirando en un carromato, así que imaginate... Estamos atados al rock”.

Ibéricos por adopción, los dos porteños debieron tomar una importante decisión sobre una idea omnipresente para terminar de definir su sonido y su forma de expresión: el idioma. Al principio el trío componía sus canciones en español o, como ellos se apuran en aclarar, “en argentino”. Pero los constantes viajes y la misma necesidad de laburo los llevaron a adoptar el inglés como lengua profesional. “Cuando vas a tocar a Alemania, Holanda o el Reino Unido, te manejás con todo el mundo en inglés, lo mismo que en las pruebas de sonido o con los managers. Cuando subíamos al escenario y cantábamos en ‘argentino’, siempre había uno que nos decía ‘qué buena esa canción que dice na na na na naaaa’, y no le podíamos decir nada porque el tipo no había entendido una palabra. Eso nos movió un poco a cambiar obligatoriamente el idioma”, confiesa Martín.

Con algunas presentaciones abrochadas en la Argentina y previo a realizar una gira por Chile, el trío vasco-argento que mezcla electrónica, pop, psicodelia y punk con el garage del siglo XXI asegura caminar en búsqueda de la belleza de lo simple y reconoce encontrar al rock local en un buen momento: “Vemos que se está armando otra historia, que hay ganas de hacer algo nuevo y que existe un recambio importante. Al menos ahora está el hijo de Alejandro Medina”.

Capsula se presentará hoy a las 18 en Speed King, Sarmiento 1679, junto a Das Experiment, Superjet e Impulsor.

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