jueves, julio 19, 2007

“amiztad”, un disco con censura previa

¿Cuánto vale la amistad en el rock? Si nos guiamos por los casos emblemáticos (Lennon & McCartney, Jagger & Richards, Tyler & Perry, ¿el Indio y Skay?), mucho. No sólo por las grandes canciones sino también por las historias de vida enhebradas a su alrededor. Como la de la dupla stone: indestructible a pesar de que Keith y Mick tengan cada vez menos cosas en común (salvo los propios Rolling Stones, claro). O la de los hermanos tóxicos: juntos en la juerga como en la internación y la resurrección (Aerosmith a fines de los ‘80). Y ni hablar de las tantas historias de colegio (acá: Spinetta y Del Guercio, antes de Almendra, compañeros de banco en el San Román) o de polleras (unidos y/o separados por una mujer). ¿Qué pasa con la amistad en el rock? ¿Es sólo entendimiento, mimesis patológica o perfecta complementación? En el caso de Amiztad, el proyecto que llevó adelante Yul Acri (ex Suavestar) y que en el camino sumó a Marcelo Zeoli (Los Látigos), Leo García, Fernando Nalé, Leandro Fresco y Daniel Melero, entre otros, se puede decir que hay un poco de todo eso. Y también algo más.

“Imaginate una fiesta de cumpleaños en la que dos personas se reclutan a grabar mientras los demás siguen de festejo. Así fue Amiztad (que es A por Acri y Z por Zeoli). Nadie convocó a nadie, nadie obligó a nadie, sabíamos que no teníamos un fin demasiado claro, y eso fue un poco lo que trajo la idea de hacer algo colectivo, que planteado no hubiera ocurrido de esa manera”, dice Yuliano desde el estudio de Los Látigos. “Fue un proyecto que yo tenía musicalmente armado, pero que quise mostrárselo a los demás para ver qué pasaba.” Lo que pasó fue que varios empezaron a meter mano aquí y allá (“con la libertad de decir esto es basura, esto es buenísimo”, remarca Acri) y el resultado es un disco con estribillos pegadizos (La cuenta regresiva tiene pasta de hit) y una ensoñación tan glam, libre y amiguera.

“Las composiciones son de Marcelo y mías, mientras que algunas voces, guitarras, arreglos son de Leo García y los demás. Melero se sumó al final como de-constructor de ideas.” Amiztad es interesante porque da una muestra del trabajo que desde hace rato vienen haciendo juntos Yuliano, Los Látigos, Nalé y, en otros discos, el omnipresente Lucas Martí (durante A-Tirador, socio compositivo de Yuliano) y el recientemente solista Migue García. Una estética detectable en las temáticas (pequeños melodramas del hombre sensible), los ropajes sonoros (preciosismo pop) y las maneras de cantar (entre Spinetta y Federico Moura). “Con Marcelo nos conocemos hace 12 años. Con ellos (Los Látigos) toqué la batería, el teclado y produje sus últimos discos. Tenemos esa confianza de destruir o alabar a otros músicos, es lo que nos une. Somos familias.” Y sorprende: “La censura que ocurre entre amigos es mejor que la censura profesional”.

* Amiztad, pronto a editarse por Indice Virgen, puede anticiparse en www.myspace.com/amiztad

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martes, mayo 29, 2007

VILLA DIAMANTE, CON DISCO NUEVO

Una premisa guía la carrera de Diego Bulacio, alias Villa Diamante: ser ortodoxo en lo heterodoxo. Es que, desde hace ya un par de años, este joven de 27 viene produciendo en su compu temas tan descajetados que hacen coincidir, por ejemplo, a La Mala Rodríguez con Pharrell Williams, a los Dead Menems con Peaches o a Intoxicados con Gorillaz. Parte de su caleidoscopio aparece en su fotolog y en su perfil en YouTube.

El joven maravilla de la escena mashupera local (que crece con colegas como Loder, Sonido Martines y Oro 11, por ejemplo) arrancó con la computadora que usaba cuando iba al colegio y una placa de sonido de 25 pesos; hoy ya pasó por Creamfields y el Festival Sonar y hasta tiene su propia residencia en un club que mantiene con dance, sudor y lágrimas, Zizek (los miércoles a la medianoche en Niceto Club, Niceto Vega 5510).

Ahora, Diamante tiene nuevo disco, Bailando se entiende la gente (un adelanto acá), una selección de sus últimas invenciones en la que hay de todo: cumbia, dub, hip hop, reggaeton, pop, tecno. No la busques en las bateas: no la vas a encontrar... Este disco sólo tiene distribución virtual vía download. De todo esto habla en esta entrevista.

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miércoles, mayo 16, 2007

KEVIN JOHANSEN, DE REGRESO

El cantante argentino-estadounidense vuelve con su cuarto disco, "Logo", un trabajo donde hay mescolanza, ingenio y hasta una portada a cargo del humorista gráfico Liniers.

"¿Por qué Logo? ¡Porque este es un momento muy logo! Hay una generación muy logo, la del cap con la flechita de Nike y la admiración por las marcas" arranca Kevin Johansen. Se lo nota entusiasmado: después de dos años en los que se dedicó a viajar para presentar City Zen en América y Europa, vuelve al sector de novedades de las disquerías con Logo, al que seguirá Jogo a fin de año. Sigue: "Los logos son una bella mentira, porque pueden ser hermosos, pero venden algo que en realidad es humano y por ende, imperfecto".

Da la impresión de que los latinos se están dando cuenta de esa imperfección, ya no compran todo lo que impone el Norte, ¿no?
Sí, creo que de a poco está surgiendo una actitud de reconocimiento y de autoestima más elevada con respecto a la identidad latina. El argentino siempre fue un poco chicaneado por el resto de los latinoamericanos por no sentirse "tan latino" como los demás y eso, me parece, está cambiando un poco.

¿En qué lo notás?
Cuando volví de Estados Unidos, en el 2000, noté que la cumbia estaba de moda entre los "conchetos" y las "conchetas", que antes no te bailaban ni media cumbia. Me interesó esa tendencia y fui varias veces a bailar a Metrópolis, a entender qué estaba pasando. Así surgió Cumbiera intelectual: me llamaba la atención ver a un pibe cabeza bailando con una piba bien. El pariente de esa canción es Chica rolinga, que está en el nuevo disco: es la historia de una chica que abandona el rock por la cumbia y asume su parte latinoamericana. Sigue habiendo un partidismo musical demasiado arraigado: "Si escucho rock, no hago cumbia; si hago pop, no escucho otros géneros". Un poco nació por eso también, quería jugar con esa idea.

Primero tu música estuvo asociada con el "mestizaje", después te asociaron con Palermo. ¿Y ahora?
Yo nunca me hice mucho drama por eso. Lo mío son canciones, es muy simple. Me costó mucho que lo entendieran en España: necesitaban definirme y usaban mucho el término mestizaje, que a mí me parece odioso. Los periodistas vivían preguntándome qué género era el mío, hasta que me salió "soy desgenerado" y ahí se tranquilizaron un poco. Para mí la canción es un género en sí mismo. Y eso no lo inventé yo ni mucho menos: lo hacen Beck, Bowie y tantos otros, ¡disfrutan de la libertad estilística!

Pronto sale Jogo, una especie de segunda parte de Logo. ¿En qué difieren?
Logo tiene un sentido más profundo. Es un disco más extremo que los demás, porque surgió como una respuesta a la superficialidad vertiginosa en la que estamos viviendo, y Jogo, que sale a fin de año, va a ser más dicharachero. La energía de Jogo está puesta, más que nada, en lo musical.

City Zen se lanzó a finales de 2004. ¿Qué estuviste haciendo en estos dos años?
Por suerte todos mis discos tuvieron larga vida. City Zen salió con varios meses de diferencia en varios lugares del mundo y eso alargó la vida del disco y me permitió viajar mucho para presentarlo. El paso del tiempo te permite disfrutar y pensar más las canciones: uno las vuelve a escuchar y empieza a darse cuenta de cuáles van a perdurar. Espero que pase lo mismo con Logo: que sea de lento descubrimiento. Es un momento en el que la situación de las discográficas está cambiando mucho y las presentaciones en vivo empiezan a cobrar más y más importancia. Hoy más que nunca, vale una antiquísima frase: ¡en la cancha se ven los pingos!

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