jueves, junio 21, 2007

toti, el cantante de jovenes pordioseros

“Hay una clase social que se quedó afuera del rock”

Noche y día en la vida del último encantador de serpientes del rock nacional. Crónica rockera por los pasillos de Ciudad Oculta y charla de entrecasa en el “bunker” de Bernal. Historias de su infancia rocker en Villa Lugano y Piedra Buena. Un análisis sociológico. Y una revelación: “No tengo viejo. Nos abandonó cuando yo tenía tres meses. Y menos mal”.


Por Juan Manuel Strassburger

“Me pone un poco ansioso no saber bien cómo va a salir todo”, reconoce Cristian “Toti” Iglesias, cantante y compositor de los Jóvenes Pordioseros, minutos antes de enfilar para el festival en Ciudad Oculta, las manos en los bolsillos del pantalón de gimnasia. El 25 de Mayo arranca frío, pero soleado. El punto de encuentro es la sala de ensayo de la banda en Mataderos. “Venimos de gira”, informa Toti, mientras empina una cerveza y espera que lleguen los demás. “Ayer tocamos en el Elsieland de Quilmes y nos acostamos a las cinco de la mañana.” Aun así, el ánimo es bueno y tanto Toti como Pedi (guitarrista), Sikus (bajo) y Chori (batería) intercambian chistes con el resto de la comitiva pordiosera: plomos, asistentes, sonidista, manager y amigos varios. Todos arriba de la combi, incluido el NO. “Total, no es que les vaya a sorprender algo, ¿no?”, dice.


Locro, chocolatada y rock aguardan en la Oculta. Aunque, por ahora, lo que suena en la combi es FM Pasión y una versión de Eres mentirosa de Los Mirlos. Después, Los Lamas, favoritos de Toti. Allá es otra historia. Apenas la combi entra a la Oculta se escuchan las guitarras de Rubias de Hong Kong, uno de los grupos invitados.

“Arrancamos en el ‘85 con Korneta”, cuenta Aníbal Acuña, uno de los organizadores. “El empezó su carrera acá, tocando la acústica, mucho antes de que formara Los Gardelitos. Y gracias a eso empezó a venir más gente. Hoy calculamos 3 mil personas, de las cuales sólo un 20 por ciento viene del barrio.” Otro visitante ilustre es el Pity (infaltable desde la época de Viejas Locas). Y tal vez, a partir de ahora, los Jóvenes Pordioseros. Y Toti.

El cantante se instala en el comedor escolar que oficia de “vip” y no para de saludar gente: amigos (Fachi de Motor Loco, Abel de Intoxicados), madres, niños, curiosos. Muchos le preguntan si se acuerda de tal o cual historia que vivieron juntos. Y Toti hace un esfuerzo, agudiza la memoria y al final responde: “Ah, ¡sí! ¡Ahora sí! ¿Viste que me acuerdo?”. El esfuerzo es sincero. Y lo mismo respecto del pedido de fotos y autógrafos al voleo. “¿A dónde?”, pregunta el líder de los JP. “Ahí”, insiste la fan. Y Toti firma sobre el pecho pordiosero. También se acercan niños junto a sus padres. Es un festival de tono familiar y se nota: el acoso sobre Toti es afectuoso y no llega a la histeria.

Sin duda, Toti es uno de los pocos cantantes carismáticos que quedan. ¿Los demás están en vías de extinción? Al menos, en el palo stone & barrial, pareciera que sí. Hagan la prueba: piensen en grupos de esa movida y vean cuántos tienen un frontman histriónico, danzarín, capaz de hipnotizar al público con un simple quiebre de cintura o una mueca animalesca. Pocos. “Sabemos que ya pasó el furor de Descontrolado, y por eso esperamos encontrarnos con los amigos más pordioseros, que hace dos años que no nos ven en Capital”, dice antes de llegar este sábado por segunda vez a Obras y confirmar el status de masividad de la banda.

El perro Federico

“Yo no le corto el rostro a nadie”, avisa el cantante. Y es cierto. Durante la recorrida por el barrio le ofrecen de todo (vino en cartón, la mayoría de las veces) y él toma obediente, más allá de que prefiere cerveza, siempre a mano. “¡Toti! ¡Toti! ¿Te sacás una foto con nosotras?” “Cómo no, doñas. Como gusten.” Y el cantante posa con las señoras. No sólo de groupies vive el rock. Un perro cruza la escena. “¡Federico! Vení para acá, ¡no lo molestes al Toti!” “¿Federico? Miralo vos al Federico”, se sorprende el cantante. Y alguien le sugiere que escriba una canción con la ocurrencia. “Estaría, ¿no?”

La recorrida se adentra aún más en la Oculta. Y si bien hay fotógrafos y seguidores, son más los curiosos que otra cosa. Se entiende: en la Oculta reina la cumbia. Aun así, un grupito pordiosero divisa al ídolo y lo intercepta. “Eh, Toti, tocate una con nosotros.” Ahí nomás se arma el acústico. El barullo es total, pero apenas entona los primeros versos se hace mágico silencio. “Si algún día te vuelvo a encontrar / vamos a hablar de los días de ayer / de los ensayos del primer recital / de esos amigos que ya no están / sabés que nunca pude estar soloooo”, se desgarra a capella, mientras los chaboncitos hacen coros y uno acompaña con la guitarra. Antes de despedirse intercambian números y promesas de mensajeo. Uno ordena: “¡Eh, devuélvanle la birra al chabón!”. Y Toti recupera la cerveza.

“Gracias a los Jóvenes conocí el mar, la montaña, los Ratones, La Mississippi. Yo hasta los 18 o 19 no había conocido ni la playa. No tenía ninguna posibilidad económica”, remarca con emoción durante la caminata. Y tal vez por eso, cuando lo invitan a pasar por la casa de un amigo de los organizadores, su actitud es de puro agradecimiento. El anfitrión trabaja en una empresa mudadora y le ofrece una medida del Chivas Regal (cien pesos en Coto) que cada tanto le obsequian los clientes. “Gracias, amigo. ¡Pero venimos de gira y eso me va directo a la sangre!” Toti se rescata hasta ahí. Apenas termina una cerveza, los organizadores le destapan otra. Y cuando vuelve al comedor escolar, se alegra al ver una pareja que le traen de la otra. “¡Al fin, amigos!”, los recibe, ansioso.

Una semana más tarde, en Bernal, el cantante dirá: “Sé que tengo que bajar decibeles, pero la manejo. ¿Viste que dicen que los drogadictos se autoengañan, que lo primero que dicen es que no pasa nada? (Risas) Lo que pasa es que no somos cachivaches, hago lo que creo que llego a poder controlar, es ese don de poder decir ‘si quiero, paro’... ¡Pero no quiero!”. El que tampoco se rescata demasiado es el Pity. Tras llegar y saludar a los amigos, se encierra en el baño. “Eh Pity, portate bien”, lo chancean desde afuera. Pero el líder de Intoxicados no sale hasta que le llega el turno de tocar. Antes se cruza con Toti. “Qué hacés, chabón”, lo recibe con una sonrisa el ex Viejas Locas. Y ambos se abrazan en medio de un remolino de gente.

Cuando termina el show de Intoxicados, Toti le pide un favor: “¿Me prestás la guitarra, Pity? Vinimos con una menos”. El autor de El chico de la Oculta no tiene drama, pero exige: “Traémela vos, eh”. “Sí, Pity, no hay problema. Después hago que te la lleven.” “No, no. Traémela vos.” Toti le explica que ahora vive lejos, en Bernal, y le señala a uno de sus asistentes: “Te la trae él”. “¿Y él quién es? Traémela vos”, insiste Pity. A continuación se produce un diálogo cada vez más hilarante que es seguido por un grupo cada vez mayor de gente que pugna por estar cerca.

Finalmente, Toti promete que él mismo se va a encargar de llevarle la guitarra a la sala de ensayo. Nuevo abrazo y el Pity se retira de la Oculta. Sigue una previa de locro y vino. Y para cuando Toti, Pedi, Sikus y Chori suben al endeble escenario, ya es de noche. Y hace frío. Se suceden Cuando me muera, Descontrolado, Intoxicados (el cover de Viejas Locas) y No la quiero dejar. No hay cordón de seguridad. No hay sponsors. No hay vip. ¡Casi no hay sonido! Pero durante cuarenta minutos, el rocanrol toma por asalto la Oculta.

De Lugano a Bernal

El segundo encuentro transcurre durante la primera semana polar del año. Y tal vez porque recuerda épocas más duras, lo primero que Toti le muestra al NO es su flamante calefactor de ambientes. “Es una masa, es la primera vez que puedo tener uno. En pocos minutos te calienta toda la casa.” La casa es un semi-chalet –pequeño, pero confortable– que el cantante compró a principios de 2007 cuando seguir alquilando en Villa Lugano se volvió, crease o no, inaccesible. “En un momento me salía más barato comprar algo que seguir alquilando algo por allá. No lo dudé y me vine. Además, acá también tengo amigos.”

Para un rocker que hizo del descontrol y la pertenencia al barrio (“Cuando me muera no quiero flores / quiero que fumen en mi honor / quiero que aspiren y tomen cerveza / y que me entierren en Lugano 1 y 2”, canta en el épico Cuando me muera, el tema-insignia que rotó de boca en boca por los barrios y empezó a sacarlos del anonimato) dos de sus máximos estandartes, conservar la coherencia es clave. “La esencia la cuido manteniendo la misma gente con la que me junto. Y no encegueciéndome con la luz de ciudad, como dice el tango.” Y nombra amigos de Merlo, Villa Lugano, Quilmes y Piedra Buena, por supuesto. El barrio de edificios donde se crió como rocker y como persona.

“En Piedra Buena aprendí todos los códigos de la calle. Paraban los pibes grandes en una esquinita y nosotros al costadito. Y cuando los pibes te dejaban salir con ellos, aprendías. Eran otras épocas”, evoca, casi tanguero. Y detalla: “Los barrios de edificios tienen otros códigos que los de parar en la esquina. Son otra cosa. Te pasa la vida ahí mismo, de domingo a domingo. No salís ni para ir bailar”.

Ahí Toti tuvo su primera novia. Y, cuenta la leyenda, también a los 13 armó la primera formación de JP. “Tocábamos una vez por año y ni siquiera teníamos instrumentos. Sólo salíamos a pintar paredes.” Aunque no todo fue tan idílico. “Una vez, de guacho, me pasó algo terrible. Un amigo me cagó con una mina con la que yo salía y quedé estropeado. El chabón era como mi hermano y estuve cuatro días tirado en la cama, sin hacer nada. Me acuerdo de que fui a ver a mi vieja y le pregunté: ‘¿Tengo que ser más garca? ¿Cambiar mi forma de ser?’”

–¿Y qué resolviste?

–Y... no. Vos seguís siendo como sos. Pero tuve la duda, ¿entendés? Y a veces la sigo teniendo.

El cantante aún tiene fresco un episodio que, como aquella desilusión, le hizo replantearse algunas cosas. “Con esto del crecimiento de Jóvenes hay gente que nos boquea. Voy a un boliche de rock y hay cinco que me quieren y cinco que no. Y una noche cobré. Me agarraron entre tres. Solo y duro, como el tema de Jóvenes”, se ríe Toti. Pero enseguida agrega, serio: “Eso me llevó a reflexionar sobre si tenía que andar calzado, por ejemplo. Porque no me cabe andar con seguridad, con patovicas. Pero si tengo que tirar a una gamba, tiro. No me vuelve a pasar”.

–¿Y por qué pensás que te pasó?

–Porque hay gente que no nos conoce. Los que van a esos boliches no es la misma gente que antes venía a ver a Jóvenes. Antes de Cromañón una entrada te salía 6 anticipada, y 8 en la puerta. Ahora ir a un recital puede salir 25, 26 pesos. ¡Mirá la diferencia que estamos hablando! Hay una clase social que se quedó afuera del rock.

Para Toti, eso llevó a un recambio negativo. “Hay algunos que vienen y te dicen: ‘Eh, por qué están sonando en lo de Tinelli’. ¿Y yo qué sé por qué estamos sonando en lo de Tinelli? Además, ¿qué les tengo que estar dando explicaciones?” El cantante contabiliza lugares y teoriza. “Camino por Quilmes y nadie me pide una explicación. Camino por Lugano 1 y 2, y tampoco. Por Merlo, nadie. Por Piedra Buena, menos. Por ahí los que bardean son tipos que les molesta que yo diga que escucho tango o cumbia. Nenes bien que se hacen los rebeldes y la juegan a ser rockeros. Pero que antes no aparecían nunca.”

A simple vista, la discoteca de Toti podría catalogarse bajo tres grandes bandos: Rolling Stones, rock nacional (Calamaro, Charly García, bandas amigas) y cumbia, preferentemente santafesina, que juntan un pilón enorme que en algún momento llegará al techo. “La gente piensa que son todos temas culito pa’quí, culito pa’llá, y no es así. Te puedo mostrar diez canciones que hablan de presos, de que se le muere la madre, muy tangueras. Soy un entendido en serio”, se entusiasma. “La otra vez fui a Pasión de sábado a saludar y aparecí en cámaras. No me da vergüenza.”

–¿Es cierto que una vez tocaron con Leo García en la tele?

–Sí (risas). Lo conocimos una noche en un boliche y a partir de ahí nos cruzamos un par de veces. La última fue para Navidad, en un programa de Canal 7 que se llama Chicos argentinos. Terminamos tocando juntos. Nos contó que hace temas nuestros en sus recitales y hasta nos invitó a tocar. Lástima que teníamos fecha en Quilmes... ¡si no, hubiera ido! Cómo no voy a ir, si el chabón nos invita a comer a su casa, se brinda siempre con nosotros.

Cultura de la incultura

¿Qué pasa por la cabeza y el corazón del último líder carismático que dio el rock barrial? Para algunos, nada. Para otros, el testimonio sin anestesia de la vida tóxica y desamparada del rock. “El 98 por ciento de mis letras son reales”, repite Toti en cada entrevista. El punto de partida es el espíritu adolescente. “Trato de pensar tal como cuando era más chico. Trato de acordarme de qué era lo que me gustaba, y también escuchar mucho a mis amigos. No quiero perder eso.”

–Algunos plantean que Jóvenes y otras bandas del estilo encarnan la incultura del rock...

-Hay periodistas a los que no les gustan las bandas de esta generación, de Viejas Locas para acá. Y no sé por qué. Para mí, no dejamos de ser movimientos que expresamos cosas que la gente responde y si se hace cargo es porque algo está pasando. Que no lo quieran ver es otra cosa.

En un reportaje para el sitio El Acople.com, el cantante lo ejemplificó de esta manera: “Alguien como Mirtha Legrand también es inculta de una cultura. Porque vos a Mirtha le decís: ‘Che, rescatate un poco con la pibita que se tomó un viaje’. Y la vieja no entiende nada. Eso es cultura también”.

–En la movida barrial son minoría los cantantes que animan al público desde su costado más teatral. ¿Coincidís con que Jóvenes Pordioseros recupera el show de los cantantes en los recitales?

–Sí, yo flasheo con eso, con el cantante que va de acá para allá. De chico admiraba obviamente a Mick Jagger, pero también a Steven Tyler (Aerosmith) y Axl Rose (Guns’n’Roses). El otro día vi Velvet Revolver en River y Scott Weiland me voló la cabeza. Es un grosso el chabón. Y mirá que al principio no me cabía mucho porque lo había bardeado un par de veces a Axl. ¡Pero cómo se mueve!

–¿Y de acá? ¿Tenés algún showman que admires?

–Sí, me parece que uno de los showman más grandes que tenemos, que disfruto mucho cuando lo veo, es Andrés Ciro de Los Piojos. Me parece increíble. Me dijeron que el chabón sabe expresión corporal. No sé si será verdad o no, pero lo que hace me parece buenísimo. Tiene un nivel que a mí me mata cuando lo veo. Y mirá que no soy de escuchar mucho sus discos, pero me parece que en vivo es un ejemplo a seguir.

–Pity partió del rocanrol y llegó a la libertad de géneros en Intoxicados. ¿Imaginan recorrido parecido para Jóvenes Pordioseros?

-Sí, totalmente; lo que pasa es que son momentos de la banda. Lo tenemos que sentir. Nosotros hicimos una versión punk del Himno Nacional que la estuvimos tocando un tiempo, después la dejamos de tocar, de vagos. Yo encima soy un flashero, escucho un tango y ya quiero ir a la sala y tocarlo.

Toti cuenta que empezó a escuchar tango cuando era ayudante de albañil. “Ponía a Julio Sosa a la mañana y me enganchaba con las letras, a morir. Por suerte empecé de pendejo. Porque, si no, necesitás de un padre o de un abuelo para conocerlo.”

–En un momento, durante el festival en la Oculta, le pediste a un programa de TV que no te mostraran muy quebrado porque, si no, tu vieja se preocupaba. ¿Y tu viejo?

–No tengo viejo. Se separó de mi vieja cuando yo tenía tres meses. Se fue a Canadá y no lo volví a ver hasta los 18. Nunca nos llamó para ver si necesitábamos algo. Y menos mal. Si aparece, lo saludo. Pero nada más.

–¿Y cómo fue conocerlo?

–Se me fue de las manos, un shock. Pero me duró un día, nada más. Estoy seguro de que si de guacho fui medio atrevido en el colegio, es un poco porque el chabón no estaba. Capaz que, si no, hoy ni siquiera tendría una banda de rock. Entonces a veces pienso ‘mejor que no tuve viejo’...

–¿Se enteró de que estás al frente de una banda?

–Sí, porque sus hermanos siguen a Jóvenes y vienen con mis primitos. Con ellos tengo la mejor. ¡Si no me abandonaron! (Risas) Igual, esto lo digo en chiste. Si no, va a parecer que estoy re-resentido. Nunca sentí la falta de mi viejo porque nunca lo tuve. No sé lo que es perderlo.


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martes, junio 19, 2007

Con sangre pordiosera

Los hijos del Oeste tocan el 23 de junio en el estadio ex Obras Sanitarias. Un show dedicado a ellos mismos, por todo lo que la pelearon para tocar en Capital, dicen sentados en una calle de su barrio, Lugano. En esta entrevista también hablan del nuevo video que grabaron en el penal de Ezeiza, de los cambios que trajo la masividad y de cómo quedó la escena rocanrolera a dos años y medio de la tragedia de Cromañón.



La sala está demasiado oscura. Invitamos, entonces, a Toti, a Pedi y a Sikus a su segundo hogar, la musa de todas sus canciones: las calles de Lugano, barrio que fue testigo de los primeros ensayos con instrumentos prestados que hacían los primeros Jóvenes Pordioseros inspirados en su héroe, la gran bestia rockera, los Rolling Stones. Sin problemas, ellos agarran sus camperas, al perro Homero y nos llevan a un pasaje a pocas cuadras del lugar.

Sentados en la vereda, comentan que el show del 23 de junio en ex Obras Sanitarias se lo dedican a ellos mismos por todo lo que la pelearon para poder tocar en Capital. El recital es un día antes de la segunda vuelta de las elecciones a jefe de Gobierno. ¿Macri o Filmus?, preguntamos. "Gane quien gane, es lo mismo, si después lo que dicen no lo van a hacer. Desde que tenemos uso de razón acá se mató, se violó, se vendió el país, ¿qué me quieren vender a mi?", contesta Pedi. "Yo voto al que me consiga cosas. La posta es esa, de Lugano, peronista", se ríe Toti.

Dejando a un lado los comicios porteños, JP avisa que ya están cocinando algunas canciones para el sucesor de su último disco, Sangre, y que también está listo su próximo video. "Como es una canción de amor, queríamos que la imagen sea un poco más cruda, queríamos hacer una historia un poco más tumbera, que no sea vaya tan a lo obvio", explica Toti, hasta que es interrumpido por el camión de reparto de sifones. Muy profesional, continúa: "Que no se vaya tan a Laport, Solita y al Sodero".

Para escaparle al romanticismo, cuentan se metieron en el penal de Ezeiza y tomaron prestada una historia real que le contaron los "pibes de ahí adentro". "Dicen que cuando vos entrás la única que queda con vos es tu mamá, que después las minas desaparecen todas. Es una obviedad, si te comés cinco años. La historia se trata de eso, de un chabón que está desesperado porque llama por teléfono y la mina no atiende y no lo va a visitar", cuenta Toti y dice que aprovechando su paso por la cárcel, inauguraron un taller de música y tocaron para los presos. "Tocamos tocamos, eh. Nada de playback", agrega Podi.

Por otro lado, comentan que la masividad no los afectó en nada. "Notamos que hay pibes chicos que no les gusta que salgamos en la tele, en las revistas o en la radio. Pero nosotros seguimos haciendo las mismas cosas de siempre", jura Pedi. Toti cuenta que él tuvo que dejar de ir a lugares de rock porque siempre hay diez que lo quieren y diez que no. "Yo salgo para divertirme y, por ahí, íbamos a un boliche con mis amigos y me agarraba un chabón a las cuatro de la mañana para decirme que nos vendimos y terminábamos todos a las piñas. Entonces, dejé de ir a lugares de gente que no te conoce y habla por hablar. Pero comparto un montón de cosas con mis amigos de siempre, paramos en la misma esquina. Por ejemplo, hay treinta pibes que vienen a vernos desde Cemento. Ahí yo me pongo a pensar y digo: si los pibes siguen siendo los mismos, nosotros tanto no cambiamos ".

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viernes, junio 08, 2007

Gabriel Gutiérrez: "Van a decir que soy puto"

El ex tecladista de jovenes pordioseros cambió sus hábitos y ahora se dedica al minimal house. Dice que se divierte más que sus colegas y se banca lo que digan.


Txt Javier Sinay . Especial para Clarín


Está todo bien con los Strokes, tengo el ringtone en mi celular, pero creo que a nivel sonido, ya no hay mucho por hacer en el rock". Es un comentario al pasar, pero anuncia la nueva vida de Gabriel Gutiérrez, a quien algunos recordarán por su apellido paterno, Podliszewski, con el que firmaba en los discos de los Jóvenes Pordioseros. Es que, como un contenedor de sus propios Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, Gabriel se alejó de la banda de Lugano ("no soy el rockero al que le encanta zapar ocho horas un tema de Pappo, empecé a sufrir las giras y para mí la música no es un negocio") y ahora se la juega solo en un mundo diferente: el minimal house. "Esto es libertad total: hacer bailar, hacer sentir cosas y, claro, sentirlas", dice quien la semana pasada editó su epé debut, al que llamó Respirar. Mientras grababa los discos pordioseros Vicio y Sangre, Gabriel se nutría también con Plastikman y Gabriel Ananda. El affaire electrónico ya había comenzado de la mano de Chucky de Ipola, quien, además de tocar en La Mississippi y Los Piojos e invitar a Gabriel a su disco debut Electronic Jazz (2003), lo acompañaba en sus noches iniciáticas de dance en Pachá a fines de los '90. Más tarde, se anotó en un curso de producción dictado por Max Donato, quien lo reclutó para las filas del sello Unlock Recordings, de Gonzalo Solimano, su actual padrino, que dice: "Hoy, en la fusión está lo más rico. Y Gabo tiene muchas horas de vuelo en un escenario".

El líder pordiosero, Toti, también tiene cosas que decir: "No entiendo mucho de música electrónica, pero en las giras él la ponía y se ve que tenía buen gusto. Es más, tengo en casa alguno de sus demos. Quedó todo bien entre nosotros". El caso de Gabriel no es el primero en este tipo de cruzas: Pity Alvarez supo aliarse en su momento con Romina Cohn. "Abel de Intoxicados también se copaba con el dance y, como somos muy amigos, me sampleé un montón de sonidos de platos y bombos de él y siempre los uso", dice Gabriel.

-¿Cómo vivís tus shows ahora que son sets?

-Diferente. Dentro del rock pensás más en vos, la querés pasar bien. En cambio, acá estás atento al feedback de la gente. Igual, me divierto más que otros DJs.

-¿Y qué te dicen los que te conocían del rock?

-Algunos no entienden. ¿Cómo les explico que ya no toco sino que aprieto botoncitos? Mi hermano, por ejemplo, espera de mí que sea Zuker: que remixe a AC/DC y a The Who& Pasé de una de las bandas de rock más populares a hacer una música súper elaborada, para pocos. Y bué, ¡ya sé que un par van a decir que soy puto!

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ENTREVISTA A SKABIO

Mientras preparan nuevo disco, Gastón Luzzi, cantante de Skabio, defiende la idea de la banda de no entrar en el encasillamiento musical. "Somos una banda de ska, sí, pero también tocamos otras cosas", asegura, mientras repasa que compartieron escenario con Los Cafres, León Greco, Los Auténticos Decadentes y hasta con Jóvenes Pordioseros. Además, adelanta algunas sorpresas del show del domingo 17, en San Isidro.



-¿Siguen disfrutando el primer disco ("Grandes éxitos") o ya están metidos de lleno en el nuevo?
El disco fue un disfrute total, estamos muy orgullosos de lo que hicimos. El año pasado tocamos muchísimo y este lo mismo, por eso decidimos parar la pelota y dedicarle tiempo a la composición de los temas nuevos, para que después en el estudio sea sólo grabar lo que venimos ensayando hace meses. La banda creció musicalmente. Este semestre se lo vamos a dedicar, casi exclusivamente, al segundo disco. Lo vamos a grabar en Córdoba, en Nono, en el estudio de Las Pelotas. Así que el del domingo 17 –en el Teatro Stella Maris, en San Isidro- va a ser uno de los últimos shows en vivo.

-¿Es difícil disfrutar un álbum y estar pensando en otras composiciones?
Sí. Cuando a la gente le llega el disco, lo empieza a disfrutar, vos ya lo tocaste diez mil veces y estás pensando en lo que viene. No es que te aburra, sino que estás con expectativas de lo que va a venir. Pero, una vez arriba del escenario, disfrutás de todo.

-¿Cuál es el preconcepto que tienen del disco, es muy diferente al otro?
Somos cinco personas con un gusto bastante abierto de la música y eso es lo que enriquece a Skabio. El primer disco tiene una línea de estilos variada y, en esa línea, va a seguir. No nos encerramos en ningún estilo: el día que Skabio quiera tocar una chacarera lo va a hacer. Están saliendo cosas muy copadas.

-Compartieron escenario con Jóvenes Pordioseros y Los Decadentes, por ejemplo. ¿Eso habla de la apertura de la banda?
Es la variedad de la que hablábamos. Tocamos con León Gieco, con Los Cafres. A la gente le puede gustar o no, pero ven que es una propuesta con mucho esfuerzo y lo valoran. Lo más difícil de lograr, y que nos llevó años, es no estar en ningún parámetro musical. Somos una banda de ska, sí, pero también tocamos otras cosas. A veces se tiende a sectorizar la música y es una huevada. La música se hizo para escucharla.

-Si el show del 17 es una especie de despedida del primer disco, ¿van a preparar algo especial?
Vamos a tener un set acústico. Otro donde vamos a presentar cuatro temas del disco nuevo. Van a haber varios invitados. Va a ser un show donde se complemente mucho lo visual con lo musical, con pantalla gigante también.

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