La blogonovela de los martes: VIII La espera

Por más tranquilo que aparentara estar muy dentro mío corría un río caudaloso arrastrando mis dudas y angustia. Esa mañana actuaba en forma de bisagra, el suspiro contenido expulsado como aliviando un gran peso, o los ojos impregnados en lágrimas eternas. Una abuela con su nieta en un cochecito a mi lado, sus ojos tan bonitos, su sonrisa, toda la vida que despierta un niño y ese estigma sobre su ser. Miré a la abuela, ojos cansados, llorosos, ambivalencia entre el amor y la desesperación absoluta. Recordé a Tania y mi temor erizó mi piel. Saqué una pelotita de mi bolsillo y se la di a la nena que abrió sus ojos negros como maravillada ante esa pequeña pelotita verde, danzarina, que rebotaba y chocaba contra las paredes de aquella sala de espera y se alejaba danzando por los pasillos. Una mujer frente a mí con su mirada vacía me veía jugar con la nena, su rostro carente de toda sonrisa, su sangre, su estigma, el dolor, la desesperación.
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