Low Valium, rock instrumental en descarga directa y gratis

1. Letanía
2. El fumadero
3. Widow
4. Viajero de la sal
5. Chinito
6. Desalambrando el desierto
7. Tierras cósmicas
8. Coda
9. Safo
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actualidad punk, reggae, hip hop, y todo lo que se me ocurra

Con dos años de carrera, y con el segundo disco recién editado, Andrés Giménez y sus compañeros explican de qué se trata esta Valiente eternidad, que se vende también en librerías cristianas.
Lunes por la tarde de un invierno caluroso. Casa de Andrés Giménez, con tres de los cuatro integrantes de
D-Mente: Marcelo Baraj, Cristian (Gula) Cocchiararo, y el mismo Andrés, baterista, bajista y voz y guitarra, respectivamente, dicen que, si bien no se pusieron un tiempo estipulado para la grabación de ambos discos, la carrera que llevan es meteórica, ya que pasados dos meses desde el primer ensayo, ya se estaban preparando para grabar el primer disco, y, ocho meses después, la compañía les pedía si ya podían grabar el segundo, algo muy destacable, teniendo en cuenta el momento por el que está pasando el mercado discográfico.
Gula Cocchiararo: –Es un disco que tiene mucha luz, buena onda, buena vibra. El mensaje de las letras es muy positivo.
Marcelo Baraj: –Es como un disco clásico, que va a quedar en el tiempo, no un disco de moda que va a pasar.
Andrés Giménez: –Lo más lindo es que no es lo mejor que podemos dar, este es un re buen disco, con un crecimiento lógico de banda, pero te da la posibilidad de decir “todavía hay más por dar”. Eso es lo más lindo.
Giménez: –Hubo un tire y afloje por el nombre. Primero se pensó en ponerle “Eternidad”, después algo que tenga que ver con la eternidad o con la valentía, pero desde distintos lugares, y después se planteó: “¿Por qué no ponerle Valiente eternidad?”. Porque en realidad las cosas siempre pueden llegar a ser eternas. Además es una banda que nació así, con una valentía primordial, que no sabíamos si iba a ser eterna, pero con una valentía impresionante.
Giménez: –Básicamente porque las librerías cristianas nos pidieron vender el disco en su lugar, y creo que la música trasciende más allá de cualquier religión. Aparte, dentro de la banda, yo hace 2 años y medio me convertí en cristiano. Pero eso fuera del grupo, y yo les agradezco mucho a los chicos que sean respetuosos con mi elección, como yo soy de su elección, así que está buenísimo. Y cuando salió esa idea, fue decir: “¿Por qué no?”. Esto es música, acá no hay discriminación, ni racial, ni social, ni política, ni religiosa. Lo bueno es que en el interior del país, por ejemplo, en los lugares rockeros, no llega el disco, pero por ahí en la librería cristiana sí, y se pueden conseguir ahí el disco.
Andrés Giménez cuenta que es inevitable no expresar lo que uno siente (en este caso lo religioso) en las letras (él es quien se encarga de escribirlas dentro del grupo); y que también es innegable escribir sobre lo que se ve en la calle, o en el mundo. Según Gula, él escribe de una manera muy “cool”, pero habla de cosas sociales, muy terrenales, pero todos concluyen en que D-Mente le habla al amor, que, según afirman, es “lo que te mantiene vivo al fin”.
El cantante se molesta cuando en las notas se cita a D-Mente como “la banda de Andrés Giménez” y trata de ser claro en que son una banda y cada uno ocupa un lugar fundamental en la misma, y que mientras se respete el lugar de cada uno, una banda perdura, y cuando se pierde el respeto mutuo “todo se va a la mierda”.
Giménez: –Esta bueno tocar en cualquier lado. Mientras las cosas estén dadas mínimamente en condiciones humanas, está buenísimo. Después si entrás en un festival en un lugar importante o no, para nosotros es lindo tocar.
Baraj: –Lo bueno de los festivales es que tocás para un montón de otra gente nueva que no es tu público, y eso es lo grosso, que haya un montón de gente que fue a ver a otros grupos y que también se copó con lo que hacés.
Giménez: –No es necesario que haya camarines con sillones, ni comidita, ni nada. Si está, bienvenido sea, pero si nos tenemos que sentar en un cajón de cerveza y esperar cuatro horas para tocar, lo hacemos igual. Soñamos con que algún día haya sillones siempre, porque ninguno lo va a negar.
Gula: –(Interrumpe...) Nos gustan los sillones.
Giménez: –En realidad, la comodidad, a veces, ayuda a que uno suba más relajado y pueda entregar mejor las cosas. No es una cuestión de rockstar, es una cuestión de comodidad, de sentirse bien.
Giménez: –De todo, hay chicos que son los que venían a ver a A.N.I.M.A.L., chicos que eran los de Totus Toss.
Gula: –Hay chicas también (risas).
Giménez: –Está bueno que haya público femenino, y está bueno porque no son la onda de ir a verlos porque son lindos sino de ir a verlos porque les gusta la música. Hay lindos adentro de la banda, pero hay gorditos como yo, gorditos simpáticos, los petisos con onda, hay de todo (risas). No es una cuestión de ir a ver cuatro caras lindas. Está buenísimo todo el abanico de gente que hay porque, más allá de eso, es increíble el amor que te brindan, es algo muy lindo, muy grosso; si se piensan que lo digo por demagogia, que me chupen un huevo.
Giménez: –Bien, todo lo que sea para sumar en tecnología, bienvenido sea. Nos gusta respetar lo que es la parte humana, de tratar de captar lo que nosotros somos. Si la tecnología enriquece lo que nosotros somos, bienvenido; pero no somos de usar la tecnología para perfeccionar lo que no somos, no tapamos con tecnología lo que no sabemos hacer.
Baraj: –Técnicamente, somos una banda analógica.
Baraj: –Nos encanta que se compren el disco porque es importante que la gente tenga la obra en mano, con el arte, y se encuentre con el interactivo. Si se tiene que bajar el disco a mp3, te cambia el audio, cambia todo, toda la obra. Igualmente está bueno que la gente pueda escuchar tu música en todo el mundo.
Giménez: –No tenemos problema con eso. Por ahí sí con el que hace de la piratería un negocio.
El que se hace el vivo y te copia el disco y suena mal, con un arte horrible, y te lo deja a tres pesos menos, eso sí nos da bronca. Pero el chico que se bajó al mp3 las canciones, bienvenido sea, hoy en día la música se escucha cada vez con aparatitos más chiquititos. n
* D-Mente toca el viernes 25 de julio en Peteco’s junto a Kyosko.
Etiquetas: ANDRES GIMENEZ, animal, gimenes
"El Festival Yeah! va a ser una competencia sana"Desde Brasil, y antes de venir a la Argentina, el guitarrista Dave Keuning explica qué le gusta de los festivales y anuncia la salida de "Sawdust", un disco de rarezas y lados B.
Es un tanto extraña la historia de The Killers: oriundos de Las Vegas, consiguieron su primer contrato discográfico al firmar con Lizard King, un sello indie británico. La banda entonces se mudó a Inglaterra para grabar su disco debut, Hot Fuss, que fue editado en ese país antes que en los Estados Unidos. Pero gracias a hits como "Mr. Brightside" o "Somebody told me" el éxito terminó siendo global, y sus canciones pop con reminiscencias ochentosas se convirtieron en las preferidas del público adolescente.
Por otro lado, pasó apenas más de un año desde la última vez que llegaron a las bateas con material fresco. Pero parece que la gente quiere algo "nuevo" de The Killers, y ellos de alguna manera se hacen cargo. Es por eso que el 12 de noviembre sale a la venta Sawdust, un compilado de rarezas y lados B que además cuenta con tres temas nuevos (en total son diecisiete). Resulta por lo menos curioso que una banda con apenas dos álbumes de estudio (Sam's Town, de 2006, es el último) edite un disco de rarezas.
Por teléfono, anticipando su show del viernes en nuestro país, el guitarrista Dave Keuning opina que Sawdust está "lleno de tesoros": "Seguramente mucha gente se precipitará diciendo que es un disco de sobras, pero hay grandes canciones, que simplemente no encajaron en los discos. Muchos temas se quedaron afuera, incluso temas en los que habíamos trabajado mucho, y que de hecho estaban prácticamente terminados. A muchos de ellos los volvimos a versionar, y ahora suenan diferente".
Sam's Town resultó muy diferente de Hot Fuss. ¿Qué creés que esperaba la gente?No sé en realidad que esperaban. Quizás mucha gente quería que fuera igual a Hot Fuss, pero no podemos hacer eso. Creo que no cambiamos tanto como la gente dice, por lo menos eso es lo que yo siento, pero nuestra música evoluciona, siempre estamos escuchando cosas nuevas que nos influyen, y de alguna manera eso se ve reflejado luego en nuestros discos.
¿Cómo va a ser el show de The Killers en el Yeah!?
No está muy lejos de lo que la gente puede llegar a esperar. Vamos a tocar nuestros favoritos de Hot Fuss y Sam's Town, y también vamos a presentar algunos temas de Sawdust. Es como una celebración de lo que hacemos en el estudio, aunque un poco mas fuerte y crudo. Simplemente tratamos de conectar con el público. Si ellos la pasan bien, nosotros recibimos esa energía y la podemos volcar en la música.
¿Cambia el set al tratarse de un festival?
Bueno, en realidad no demasiado. Lo que sí, cuando tocamos solos generalmente hacemos un set mas largo. Pero en un festival somos conscientes de que hay gente que fue a ver a las otras bandas, y eso también nos desafía. El Yeah! va a ser una competencia sana, queremos que la gente diga "Sí, The Killers fue la mejor banda del festival". Esa es nuestra meta.
Ya salió a la venta la nueva producción discográfica de Los Gangsters “No es lo que es”. El disco de estudio viene acompañado por un dvd de audio 5.1 sin imágenes, algo totalmente novedoso en el mercado discográfico argentino.
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“Todo hombre es un animal político”, dijo Aristóteles hace como 2400 años; y de esa lógica, amigos, no se sale jamás. El planeta rock, a menos que escape de la raza humana, forma parte del axioma. Quiera o no. Un somero téster semántico de letras de rock –al menos en esta parte del planeta– da como resultado su presencia como tópico. Desde aquel Emilio del Guercio, cuya fina pluma insta a tomar el fusil para que vuelva el General (El camino difícil, Almendra, 1970) hasta las preocupaciones sociales, vindicativas, que atraviesan toda la trayectoria de León Gieco, la política está. Merodea. Pincha. Y asume diferentes formas: casi siempre como algo despreciable. Visceralmente en los antípodas del género.
Los Violadores fueron más que explícitos en su declaración de principios: “No somos política, no somos religión / no somos status, somos rock and roll” (Nada de eso), tanto como Todos tus Muertos –”Políticos de mierda, ¿así que te gusta el poder?”–, o Attaque 77: “No necesitamos un mediador del Norte / Ni partidos políticos, que nos quieran sacar / de una miseria que la política nos dio / para volver a entrar en una miseria más” (Falsas esperanzas). La presencia de la palabra, manifiesta y con todo su peso, también asume un rol reflexivo cuando Fito Páez la enuncia en su descripción de Buenos Aires (“la política... qué falta de respeto, qué atropello a la razón”); como metáfora de una realidad asfixiante (“si esta cárcel sigue así, todo preso es político”, Redondos); o como una búsqueda existencial de ser, que no encaja en lo dado (“no me convence ningún tipo de política / ni el demócrata, ni el fascista / porque me tocó ser así / ni siquiera anarquista”, Revelde, La Renga).
Como fuere, y con todos los pruritos que implica asumirse un animal político, es inevitable hacerse cargo. Decirse apolítico es más o menos como declararse ateo; siempre hay un problema con esa a que niega tanto como incluye. El NO, entonces, abrió la puerta y preguntó a ciertos rockers qué sistema político propondrían si alguna vez tendrían la oportunidad. ¿Respuestas? De todos los colores. Directas y panfletarias, reflexivas y a conciencia, anarcoides y escépticas.
La apropiación que el rock, en términos genéricos, hizo del socialismo es libre. Un tanto arbitraria. Difícilmente podría, en tanto expresión contracultural y libertaria, seguir los cánones rígidos, a veces dogmáticos, de los partidos de izquierda con intenciones de poder. Hay casos aislados que asumen una identidad definida, e incluso cuentan con apoyo partidario (Las Manos de Filippi y el Partido Obrero), pero una buena parte del resto es socialista por descarte. Como alguna vez dijo Spinetta, genialmente: “Me identifico como socialista, si es que se le puede tirar semejante cacho de carne al alma”. A este “bloque” adhiere míster Palo Pandolfo: “Por lo que propone como doctrina –igualdad de oportunidades, solidaridad proletaria, pacifismo, internacionalismo–, me inclino hacia un orden socialista de la Nación. Y para todos sus habitantes”. Contundente.
Fósforo, bajista de Pez, dubita menos aún: “Propongo el socialismo marxista”, y justifica: “Como primera medida, impulsaría un profundo cambio cultural en la sociedad, donde primen la solidaridad, el respeto y la verdadera igualdad entre personas. Sin este cambio es inútil cualquier cambio político: ya asistimos a la estafa ideológica de la URSS, donde el poder y los medios de producción sólo cambiaron de signo político”. ¿Medida clave? “Eliminar la injerencia de los dueños de los grupos económicos sobre la política nacional.” Hugo Blanco, de Séptima Ola, tiene un problema entre la idea y su bajada “humana”. “Me gustaría decir comunismo de no ser porque, en definitiva, es manejado por políticos, que son los que finalmente dilapidan las buenas ideas.” ¿Por dónde empezaría su comunismo? “Por educar más y mejor. Desde el mismísimo jardín preescolar hasta las carreras universitarias, pero básicamente en la parte en que se forman los caracteres de las personas, la niñez y la adolescencia.”
Un barrio: Villa Lugano. Una identidad: Evita y Perón. Un sentimiento. Toti, el entrañable cantante de Jóvenes Pordioseros, apela a una frase conocida: “No sé nada de política, soy peronista”. Pero lo dice con sus palabras, asumiéndose como voz de los sin voz: “Yo no entiendo nada de política, pero soy de la generación democracia a morir. Por ser de un barrio humildón y que vive al día, nunca los pibes tuvimos tiempo de ponernos a estudiar mucho. Creo que pasa en todos los lugares como Lugano, que es peronista. Están Perón y Evita en la entrada, igual que en Villa Soldati, y la juventud debe ser peronista por inercia, ja. Así que no opino de política, no por prejuicio sino por ignorancia”.
Es un aspecto del movimiento. Un recorte. Está quien sí sabe, pero también empieza por el corazón. Litto Nebbia, peronista de toda la vida, es un caso. Y no reconoce otro sistema que el democrático: “Los problemas que aparecen son generalmente por no respetar el marco de la democracia”, dice. ¿Sus medidas? “A largo horizonte, el verdadero camino sería el de poner toda la preocupación en la educación.” Nebbia es uno de los pocos músicos que tuvo una actividad política concreta como director del Centro de Divulgación Musical, del gobierno de la Ciudad. Duró once meses. “Me fui, agotado y decepcionado de la cantidad de barreras y burocracia histórica con que me encontré. Entré pensando que podíamos sanamente modificar algo y salí huyendo, casi me enfermo –cuenta–. No creo en la política actual, pero entiendo que todo lo que hacemos es político al fin. Apoyo a este gobierno porque hay gente y actitudes más sanas dentro de él. Adhiero al peronismo que conozco desde niño por historias de mis viejos. Para mí, la única doctrina política que tuvo pensamientos de protección para el país. Después pasó lo que pasó, y hoy por hoy hay peronistas con la mayor cantidad de diversidades imaginables. Soy muy crítico y disidente con la mayoría, especialmente con los más ortodoxos. Antes que nada, me interesa la Argentina, los individuos, la gente, nosotros.”
Matías Crespo, de Sendero, también invoca al peronismo, aunque “con reservas”: el suyo es el militante de los ‘70, pero propone una social democracia al estilo nórdico. “Acá hace falta control para erradicar la corrupción. Yo reemplazaría políticos, funcionarios, sindicalistas y empresarios avaros por cualquier ser humano con sentido común.” Y Hernán Sforzini, de Holy Piby, plantea recuperar y modernizar los grandes hospitales públicos creados en la época de Evita: “En todos los aspectos se necesita alguien líder, que sepa trabajar en forma organizada y planeada, capacitado en su área y no alguien puesto por acomodo”.
Otra apropiación, tal vez más real, es la que el rock hizo –sobre todo en su época “revolucionaria” y progre– de las ideas anarquistas, sobre todo en el campo cultural. Más allá de la vehemencia con que expresó el punk esta especie de trasvasamiento generacional, el ideario libertario pasa por toda su historia. Alguna vez lo dijo Pajarito Zaguri, fundador del rock argento: “Soy un johnleninista, anarquista y pacifista. Socialista, pero apartidario”. En el amplio plafón que sostiene el “ser anarquista” en tanto ser no atado a reglas, ni al poder, puede convivir de todo. Desde una posición romántica como la de Federico Bugallo, de Los Tipitos, que apela a una generalidad (“yo no sé nada de política, pero entiendo que si no nos tratamos como hermanos, no nos respetamos y no nos ilustramos, es muy difícil que funcione sistema alguno) y cita a Spinetta: “Ya sin salida de la cueva mental, sólo el amor nos podría curar”.
Hasta Adrián Herrera, de Blues Motel que, directamente, plantea un sistema político “sin políticos” (¿?). “La política es una mierda, los políticos lo único que quieren es llenar sus bolsillos. No le creo a ninguno. No creo que ninguno tenga interés en que este país no se siga yendo al tacho. La política es sinónimo de poder. El poder a lo único que lleva es a querer más poder. Y cuando estás atrás del poder, los límites desaparecen. Hay que inventar un orden nuevo, algo que no exista en ningún lado.” Checho, de 720 Grados, se recuesta sobre el horizontalismo, otra pata heredada de Malatesta. “Propongo un sistema de ‘comunidad autogestionada’, donde todo se decida a través de asambleas. Sé que es utópico, pero eliminaría la corrupción que existe hace miles de años. También las fronteras y las instituciones de poder.”
¿A Dónde se está mirando? En la experiencia de Barcelona en 1936. ¿Qué tul? También hay planteos feministas. Andrea Alvarez, la percusionista, le manotea al inconsciente colectivo –modificado, claro, por viejas luchas anarquistas– el valor de la mujer para dirigir la cosa pública. ¿A tono con la época? “Yo cambiaría las prioridades, y pondría más ‘femenino’ en lugares de toma de decisiones, priorizaría la educación y la salud, legalizaría el aborto y enfatizaría la educación sexual.” El anarquismo pappeano es más acotado. Luciano, hijo del guitar hero, se conforma con una mezcla saludable: trabajo y rock para todos. “Tres días laborables y cuatro libres”, sería la medida exacta más una fórmula inoxidable: “Sexo, fierros y rock and roll”. Una veta más humanista es la de Corvata. El bajista de Carajo apela al punto esencial del ser: “Si no hay una conciencia espiritual y humana, ningún cambio tiene sentido, dado que la política y lo social están ligados directamente al factor humano”.
También podrían llamarse reformistas. Son los que proponen cambios, pero no bajo una identidad política predeterminada, tampoco desde fuera del sistema. César Andino, líder de Cabezones, no adhiere a ninguna ideología, y pide un sistema “que tenga como objetivo principal el desarrollo, control y distribución adecuada del capital, la salud, la educación y las manifestaciones artísticas”. Walter Meza, cuyas letras en Horcas son profundamente críticas de la política y los políticos, se sienta con clase en la mesa de negociaciones. Pero no abdica: “Propongo un proyecto en que se cumplan las promesas incumplidas en todos los gobiernos que pasaron. Puede sonar a utopía, pero estaría bueno que alguien haga cumplir el 1 por ciento de lo que se prometió”. No está mal la idea. Tampoco su sentido de la real-politik: “Sería muy cómodo decir ‘¡que se vayan todos!’. Yo trataría de depurar a los corruptos como primera medida, analizando a cada uno y haciéndolos trabajar para lo que fueron elegidos; estaría bueno que de una vez por todas perdamos el miedo a participar, a opinar que esté bien o mal sin olvidar a los que hundieron este país y a reconocer a los que hicieron bien las cosas”.
Sergio Chosturian, de Los Natas, le entra al todo por la parte. Va en escala y el nudo, para él, es la educación onda Teleescuela técnica: “Yo replantearía el programa de educación hacia un programa de enseñanza de oficios y práctica de artes y deportes, alimentación o reparación de cosas”. El ex A.N.I.M.A.L. (hoy D-Mente) Andrés Giménez, en tanto, pide respeto “por la palabra y la dignidad humana”. “Es hora de que primero demuestren para de una vez saber quiénes son los malos y menos malos, porque buenos creo que ya no existen.” Un signo de los tiempos.
Darío (Tandooris): “En un libro acerca de budismo leí que los hombres de nuestra época son como hojas de una planta que se riegan a sí mismas en lugar de arrojar el agua a las raíces, a pesar de que eso no los beneficia tanto. Está claro que si todos buscáramos favorecer anónimamente al ente al que todos pertenecemos, el beneficio que obtendríamos seguramente sería mayor que el que podemos percibir de las actitudes más impulsivas. Sin embargo, creo que los argentinos fallamos mucho ahí. Se piensa al segundo, sin proyectar mucho, y siempre desde los intereses individuales. Es decir, la primera y fundamental medida es educar a la gente en serio. Mientras que los argentinos sigamos viviendo con este sistema operativo, dudo que haya verdaderas posibilidades de cambio”.
Peter (Los Alamos): “Propongo un sistema que se interese por las necesidades y prioridades de la población antes que las necesidades y ambiciones de los funcionarios. Hay que legalizar el aborto: esto beneficiaría a las madres solteras y adolescentes, y en los casos de violación prácticamente dejaría esta decisión en manos de las personas damnificadas y no en manos de la Iglesia y del Estado, que nada tienen que decidir con lo que pasa en el cuerpo de una mujer. Legalizar las drogas, disminuyendo así el tráfico, la mafia y gran parte de la delincuencia y violencia. A la Iglesia la excluiría totalmente de cualquier decisión con respecto a la confección de leyes y programas de educación, el conocimiento que pueden aportar es obsoleto y fascista para esta época, en su lugar pondría a civiles capacitados en docencia, leyes y derechos humanos”.
Tomás Sussman (Las Pelotas): “Yo propondría como sistema político la democracia, algo que hasta ahora nunca tuvimos, ya que ésta fue tomada por la corporación política de los partidos y la cambiaron por una partidocracia. O sea, el gobierno de los partidos para el bien común de los partidos. Que el pueblo elige libremente sus gobernantes y que vivimos en democracia es la gran mentira nacional. El pueblo es chantajeado, sobornado, amenazado, engañado y todos los ados que se les ocurran para que elija siempre más de lo mismo y así, la corporación política de los partidos se perpetúa en el poder. No son más que corporaciones que representan los intereses de corporaciones más grandes y los suyos propios. Por eso, propondría en una primera etapa a la democracia como sistema novedoso para nuestro país... Si no funciona, volvamos a la partidocracia actual, que tanta gente defiende. En mi opinión, aunque es una utopía por ahora, en una sociedad con una conciencia más evolucionada que la del presente, el sistema ideal sería una anarquía donde cada uno sepa qué hacer y lo haga en función del resto de la sociedad y de uno mismo”.
Andrés Ciro (Los Piojos): “Habría que poner atención en la educación y la salud. Y educación sexual para la gente con menores posibilidades económicas, para frenar esta reproducción descontrolada. En ese sentido creo en el nacionalismo, en el cuidado de la gente. Buscaría a los pibes que se destacan en las escuelas, o tienen inquietudes, y los fomentaría. Hace poco estuve en la Casa Rosada y se lo dije a Alberto Fernández. Un amigo me invitó cuando se trató el tema de la Ley del Músico. Yo había ido al Cirque du Soleil, y era increíble lo cara que estaba la entrada –¡y eso que fui a una especie de popular!–, entonces le pregunté: ‘¿Por qué no hacen una función para los pibes que nunca pueden ir?’. Creo que después lo hicieron. Ver si hay alguna ley que organice un sistema para que los chicos destacados en algo tengan esos estímulos. Pasa que los tipos de los micros cobrarían mucho más, y esos pibes no irían, terminarían yendo los hijos del puntero político. Es muy complicado. También hay mucha falta de motivación, como un miedo a hacer las cosas bien. Siempre estamos viendo qué se hace afuera, como si acá no hubiese nada bueno, y menos si es popular. Siempre criticando al otro, viendo de dónde podemos sacar una tajada, estamos viviendo como un cambalache exponencial: si alguien se tira un pedo, todos salen a cortar la calle porque no les gustó el olor. No puede ser”.
El rock saluda la democracia con alegría y celebración (Virus, Soda Stereo), pero el espanto de la dictadura todavía es musa; Los Violadores editan Represión; Charly García, Los dinosaurios, y Los Twist, Pensé que se trataba de cieguitos.
Entre los saqueos, los levantamientos militares y el derrumbe alfonsinista, el radicalismo organiza shows de rock durante la campaña electoral, en los que participan Charly García (que llama “Nemem” a Menem), Luis Alberto Spinetta, Ratones Paranoicos y Los Pericos. Menem gana por afano.
Las calles se llenan de logos de multinacionales... y también de pobres. Una difusa mezcla de versos de Los Redondos, Fabulosos Cadillacs, Bersuit Vergarabat, Todos Tus Muertos y La Renga gesta un incierto clima de rock combativo, americanista y marginal, que crece de modo directamente proporcional a la recesión económica.
Las Manos de Filippi y Bersuit protagonizan el último lazo entre rock y protesta con líneas como “Hay que matar al Presidente”, “Son todos narcos”. Desde las barriadas, La Renga, Los Piojos y Los Gardelitos sientan precedente de militancia social y tocan por causas solidarias. En el gobierno, la Alianza organiza shows de rock gratuitos por todo el país, con Divididos, Fito Páez, Fabulosos Cadillacs y Caballeros de la Quema a la cabeza.
Entre los escombros del desastre delarruista, el rock se harta de todo y se refugia en la introspección. Algunos ombligos resultan desafiantes desde lo estético (Babasónicos); otros se refugian en la colectora del rock barrial (Callejeros) o no quieren saber nada de nada (Miranda!). Hasta que con los 194 muertos de Cromañón, un show de rock deriva en la destitución de un jefe de gobierno.
Todos los grandes auspiciantes tienen su propio megafestival rockero con line-ups en los que no falta (casi) nadie: las corporaciones parecen ser lo más cool. ¿Alguien tiene algo para criticar? En el regreso de Soda Stereo, la gente silba a cualquier político (desde Perón hasta Kirchner) que aparece en las pantallas de Peter Capusotto, en su año de consagración.
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La sala de Horcas está lejos de ser un santuario. Pero es difícil definir el papel que juega la imagen demoníaca de Osvaldo Civile desde las paredes. En fotos viejas, dibujos hechos por los fans, páginas de revistas. Osvaldito está en todas partes y se intercala entre banderas de Bob Marley y listas de temas que, por el paso del tiempo, hoy están amarillentas. Walter Meza se toma un par de minutos para observar toda la habitación en un lento giro de 360 grados. “Y... lo del loco fue fuerte, viste”, dice casi balbuceando mientras se detiene por un instante en una fotocopia color desde donde el desaparecido violero, en jeans, con el torso desnudo y guitarra en mano, desafía a la cámara con un gesto provocador. Toda una postal iconoclasta de la patria metalera argentina.
Walter ingresó a la banda como vocalista en 1997, luego de reemplazar a Cristian Bertoncelli, y se hizo dueño del micrófono. Hoy –junto a los guitarristas Sebastián Coria y Gabriel Lis, el baterista Guillermo de Luca y el histórico bajista Norberto “Topo” Yánez– resiste dentro de uno de los pocos referentes de peso que le quedan al heavy nacional.
Si no, saquen cuentas: Almafuerte, Logos, O’Connor, Tren Loco y... la nómina no se extiende demasiado. Si bien es imposible negar que existe una escena vernácula y que todavía quedan pibes que se calzan una coleta de tiburón o se deslumbran con el galope de Judas Priest o Soulfly, hay algo que es claro: por cada diez grupos de cualquier otro género que consiguen una mediana rotación en las radios de rock más populares del país, sólo uno de heavy accede a esa instancia. Y ni hablar de notas periodísticas o especiales en las señales musicales de televisión por cable.
Recostados en tres sillones que ocupan un pequeño living entre las distintas salas que comprenden este PH en Villa Devoto, Walter, Sebastián y Guillermo descansan del breve set que acaban de despachar para calentar las manos. Hoy no se ensaya. ¿Motivo? El resto de Horcas tiene eventualidades tan terrenales como organizar el mobiliario después de una mudanza. “Eso es para los que crean que todos los músicos viven en grandes mansiones. Acá todo nos cuesta mucho, por eso estamos orgullosos de estar vivos todavía”, cuenta Meza.
Desde su ingreso, el quinteto ganó en convocatoria, las giras se hicieron cada vez más frecuentes y los discos –Vence, Eterno, Horcas, Demencial y Asesino, su último material– se sucedieron con una regularidad nunca antes lograda. Una misión que el combo se encomendó luego de la muerte de Civile en abril de 1999: mantener la llama encendida, caiga quien caiga. “Fuimos aprendiendo muy despacio. Grabamos con tipos re grossos y tuvimos un crecimiento tremendo que se nota en cada álbum, donde evolucionamos un montón. De ser una banda clásica del standard del metal argentino dimos un vuelco importante”, asegura el cantante. Coria refuerza la teoría: “Siempre apostamos a crecer un poco más, porque así es como se evoluciona. Si seguís en la comodidad de no mover mucho las cosas, tarde o temprano alcanzás un tope. Por eso hay que darles un espacio a los pibes que vienen abajo. Entiendo que es mucho más difícil para quienes hacemos este estilo soñar con tocar en Obras, pero nosotros lo conseguimos porque nos rompimos el culo. Sólo hay que convencerse de que se puede lograr”. Walter se revuelve en el sillón y suelta riendo: “¿Te pensás que yo imaginé estar tocando con Pantera o Metallica? Jamás. Y lo hice. Si perdés el sueño, perdés todo”.
Atravesar la década del ‘90 fue para Horcas como cruzar el Atlántico en una barcaza. Con la aparición en 1992 de Oíd mortales el grito sangrado lograron establecerse como uno de los exponentes más importantes de su especie, llegando a telonear a figuras internacionales como Kreator, Mötorhead, Iron Maiden y Exodus. Un año más tarde, una fuerte crisis casi deja al proyecto al borde del nocaut, debido al incesante cambio de miembros. “Toda esa década fue muy pesada. Desde 1989 hasta 1995 esto era un despelote. Que un día entraba uno, que al otro se iba, nunca se pudo mantener una formación estable y sólida, que es lo que te lleva a ser un verdadero grupo. Cuando vino Walter, la cosa se enderezó y pudimos ganar un respeto en el medio, el cual defendemos de manera terrible”, explica Sebastián.
Desde que puso su voz en el tema Angus Young de Kapanga, Meza asegura haberse comido alguna que otra puteada de los fans más puristas por “venderse y tocar con esos fiesteros”. Al igual que sus compañeros, él entiende esta primavera rockera como una oportunidad irrepetible para dejar atrás las diferencias y generar un espacio artístico que sepa albergar a propuestas de distinto palo. Y para arribar a esas costas hay que vencer ciertas barreras: “Yo quiero seguir creciendo y no pretendo que el heavy metal sea un gueto cerrado donde nadie pueda entrar, ni salir. Porque eso conspira contra nuestra propia obra. Con los chicos hemos compartido fechas con A77aque, Turf, Divididos, Arbol, Catupecu y hasta con Karamelo Santo. Y hoy es posible porque todos fuimos creciendo, no como en los ‘90 que se armaban unas batallas campales. El que la vivió se debe acordar. Por eso es importante que Ricardo (Iorio), Logos, nosotros y los que vengan cambiemos un poco el mensaje y la estética grupal, sin necesidad de hacer algo más light”. ¿Light? Aquel desprevenido que le pegue una ligera mirada al track list de Asesino encontrará títulos poco optimistas como Pánico, Confusión, Revancha, Basura y Decadencia.
Nombres que refieren a la pequeña guerra que se libra todos los días en la esquina de cualquier barrio; fuente de inspiración de las historias mínimas que Walter vomita en papel. Para Coria, el tipo que curte la movida y “nunca se identificó con este tipo de canciones, miente. A mí me pasó de verme reflejado en temas que acompañaron mi pensamiento. Las letras que él escribe hablan de cosas simples, normales, que nos pasan a todos. Y la monada se siente representada con ese mensaje”.
Meza se levanta para callar a un can endemoniado que ladra desde una habitación cercana, y aporta lo suyo: “Creo que en cierta forma lo que también nos impidió crecer en materia de difusión fue el hecho de cantar sobre cosas reales, y a veces la realidad no es tan linda ni tan agradable. Además, la gente se quedó en muchos casos con una imagen negativa que el heavy había cosechado en el pasado, que nos condenó a juntarnos y a bancar todo entre los que quedamos, porque nadie nos daba bola. El metal antes era más combativo porque era un momento muy especial y no se abrían puertas como sucede ahora, donde todo es mucho más pro”.
Guillermo lo grafica con un ejemplo tan simpático como cierto: “Antes, un asistente no tenía idea de cómo afinar una viola y lo único que sabía bien era traer la cerveza al escenario. Algo hemos mejorado, ¿no?”.
En los últimos tiempos, Horcas emprendió casi en silencio un periplo por distintos lugares de la Argentina, trasladando su música a rincones que jamás imaginaron y que en cada viaje les depara una sorpresa diferente. En Jujuy se toparon con una legión de metaleros que descendían la montaña en alpargatas para verlos y en la ciudad santacruceña de Gobernador Gregores tocaron para trescientas personas, a través de un concurso realizado por una radio local. “Les pidieron a los vecinos que eligieran un artista para que fuera a dar un show especial, y nos votaron a nosotros. Nos presentamos en un club muy chico y entre el público había abuelos con banquitos y familias enteras. Fue algo increíble”, se emociona el cantante.
Pero no hay anécdota en su historial que supere a la leyenda de la espada guaraní. Cuenta Seba: “Fuimos a dar un concierto a Paraguay, y cuando estábamos en pleno recital, veo a un tipo en medio del quilombo que empieza a revolear una espada gigantesca, al mejor estilo Highlander. Entonces alguien vino y se la manoteó. Yo pensaba que era de madera, hasta que en medio de un tema Walter me mira, se caga de risa y la clava en el piso del escenario, adelante mío. Ma... qué de madera, era de acero y medía como dos metros. Casi me muero” (risas).
El quinteto se está preparando para presentar Asesino en El Teatro de Flores el próximo 17 de noviembre; extrañamente doce meses después de haberse editado. “La verdad es que arrancamos la gira y no tuvimos la oportunidad de tocar en Buenos Aires, por eso queríamos cerrarla acá, mostrando el nuevo material y haciendo un repaso de todos los discos”, acota Guillermo. Será una buena oportunidad para reafirmar el romance de la banda con su tribu. Antes de finalizar, Meza no puede con su genio y dispara contra los programadores de televisión que, lejos de ayudar con la difusión, vinculan la música de la banda con situaciones violentas sin derecho a reclamo: “Siempre pasa lo mismo. En programas como Carburando, cuando los autos se pegan un tortazo, ponen Horcas. En Comodines, cuando están por fusilar a uno, ponen Horcas. En Policías en acción, cuando entran a reventar a un pibito a una villa, ponen Horcas. Encima, cuando se lo están llevando, la cámara enfoca la pared... ¡y aparece un poster nuestro! Cuando lo vimos, dijimos: ‘Qué bonito, eh... Mirá la gente que escucha Horcas’”.
* Horcas se presenta el sábado 17 de noviembre en El Teatro de Flores. A las 21.
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La charla va por el lado de las portadas de sus últimos discos. Que el anterior, La tranquilidad después de la paliza (2005), lo tuvo de espaldas, con la nuca en primer plano. Y que el último, Tic Tac (2007), lo muestra exactamente al revés: recorte blanquísimo de su cara y una mirada calma que dice lo que la anterior, de espaldas, no podía. “Pero no fue a propósito”, aclara Francisco Bochatón, el protagonista. “Yo ya tenía pensado desde hace mucho sacar un álbum con mi cara, que tal vez para la música que yo hago puede resultar medio extraño. Lo que pasa es que para La tranquilidad... apareció esa foto de la nuca mirando el edificio y me pareció mortal, muy buena para la tapa de un disco. Y ahora quedó la contraposición entre una y otra. Pero es una lectura muy pequeña, la más rápida. No es que me arrepentí”, asegura con una sonrisa.
–Ah, sí, como Kiss, que sacaba esos discos con las caras de cada uno, ¿no?
–Sí, je. Primero el izquierdo, después el derecho, después el 3/4 para los remixes, y al final... ¡la cenital para el de en vivo! (más risas).
Bochatón está contento. Y se nota. No sólo por las constantes ocurrencias que surgen durante la entrevista que brinda en su casa de Almagro sino también por su presente artístico. No es para menos: Tic Tac vuelve a confirmar (como si hiciera falta) su lugar central en el panorama de la canción rock argentina. ¿O cuántos de los cantautores independientes más prometedores de los ‘90 pueden exponer una discografía tan sólida y rica como la de Bochatón quince años después? ¿Cuántos pueden sacar de la galera un tema como Perfume parpadear, inaudita mezcla de cumbia-reggae–ska, y a la vez mantenerse fiel a su estilo? ¿Cuántos continúan estrenando temas como Por la flor, en los que expongan su corazón –aún al borde de la desnudez y la fragilidad; la voz rota– sin perder el misterio? Bochatón camina seguido por la cornisa y lo mejor es que no lo propagandiza.
“Perfume parpadear lo demeé en casa y empecé a ver que tirándolo para el reggae sonaba gracioso. Me gustó que la letra fuera confusa y extraña, más parecida a Oliverio Girondo que a un rastaman. Y la verdad que no es tan reggae. Es más cumbia. Los del reggae tocan bien y tocan otra cosa”, compara entre risas.
Una rápida lectura por foros y blogs arroja que Tic Tac es para muchos una continuación de La tranquilidad... “Tiene algo de continuidad porque la ruptura fuerte se dio con ese disco”, acepta el ex Peligrosos Gorriones. “Pero igual creo que hay cierto quiebre en Tic Tac. Sobre todo a nivel sonido”. Y amplía: “La tranquilidad... fue grabado de golpe, casi impulsivamente. Tiene un proceso emocional muy fuerte, pero con un trabajo de estudio más convencional. En Tic Tac, en cambio, hay un laburo de posproducción más pensado. Usamos mucho los micrófonos ambientales, no hay coros adrede”, sostiene. ¿Y en el plano compositivo? “Creo que hay un pequeño avance en lo que tiene que ver conmigo a la hora de componer. Rayo al trueno y Balvanera son temas que La tranquilidad... por ahí no llegaba tener.”
–Sí, un pibe hasta me preguntó si tenía que ver con el tic-tac de una bomba. ¡Mirá qué mirada paranoica! (risas) No, nada que ver. Pensé el nombre como un aviso de que estás vivo. No veo al tiempo como una amenaza o una cuestión de envejecimiento. Sí me interesa la conciencia de su transcurso, lo que acontece. Pero no soy de hacer balances del estilo yo a esa edad estaba haciendo tal cosa... No tengo ese tipo de rollos. No me pasa.
Cualquiera que haya podido ver a Bochatón en el último tiempo sabe que aquellos días atormentados (“maratón de torturas”, como cantaba en Cazuela, su hermoso primer disco) quedaron atrás. Bromas, chanzas, intercambio de frases con el público e interpretaciones bizarras (Sigue girando de Ratones Paranoicos, Michael Jackson, Miguel Bosé, cualquier artista mainstream de ayer y hoy puede caer bajo las garras del Bocha en algún momento de improvisación) a la manera de Stephen Malkmus (el genial ex líder de Pavement, de quien casualmente fue soporte cuando pisó la Argentina en 2002 y sorprendió con una serie de covers muy poco indies), garantizan que sus recitales ofrezcan hoy un divertido cóctel de música, parodia y show. “Descubrí que me encanta tocar, la energía que te da el vivo. Viste cuando Roberto Arlt en una parte dice: ‘¿Y por qué no mataste a tu mujer?’. Y el tipo contesta: ‘Un poco de autocontrol’ (risas). Bueno, creo que en mi caso un poco fue así. Saber llevar mis estados de ánimo”.
¿Qué tiene Bochatón con las mujeres? Sus recitales tienen sus momentos de pogo y no son pocos los chabones que exhiben orgullosos sus discos y se los recomiendan a sus amigos. Pero sin duda –como puede apreciarse en infinidad de foros, fotologs y asuntos de msn que pueblan de citas y frases bochatónicas la web–, para cierta sensibilidad femenina Bochatón tiene coronita. Una fan incluso se tomó el trabajo de clasificar las coordenadas principales de sus letras (chequear alnolugarmetalizado.blogspot. com) para armar un índice con los tópicos más recurrentes (amor, manos, cuerpo, sombra, luces, etcétera).
“Yo también noto esa afinidad”, reconoce el cantautor surgido en La Plata, pero afincado desde hace años en Capital. “Por ahí pasa porque hay cosas que los hombres tienen en común no decir. No sé si un tipo se pone a cantar (y recita): ‘Quiero sentir tu voz que me da canción/ canta tu oración todo lo que soy/ se transforma’ [del tema Vi tu flor se abre]. Muchas de mis canciones están totalmente despojadas de una mirada tradicional masculina, y eso puede hacer que muchas mujeres se acerquen.” Para el músico, “hay una manera de decir las cosas, que es como un lápiz de color que va más allá de si sos chabón o mina. Es como ese tema de Shakira que dice las mujeres somos las de la intuición”, tararea, divertido.
Bochatón es, a la vez, uno de los artistas que más y mejor se acompañó de mujeres. La lista es valiosa por lo extensa y significativa: Flopa Lestani y Mariela Chintalo (de la Banda del Musiquero Loco y ex Charly García) en Cazuela (1999); María Gabriela Epumer y Marianela Pelzmajer (de Patricias Argentinas y solista) en Píntame los labios (2000); Celeste Carballo y otra vez María Gabriela en Hasta decir palabra (2002); Hilda Lizarazu en La tranquilidad... (2005). Sin olvidarse tampoco de Ana Maldonado y Karin Idelson (las exquisitas fotógrafas de sus discos) y de Marta Ratner, la artista plástica de varias de sus tapas.
–Es verdad (risas). Erica me vino a ver un par de veces, y estaría bueno hacer algo. Pero ahora está en Estados Unidos... Con las invitadas que pusieron su voz en mis canciones hubo una cosa de enamoramiento, de idilio, que no es el de una pareja sino algo más sutil, artístico. Me emocioné cuando la escuché en los parlantes del estudio cantar una letra que había escrito yo. ¿Viste los timbres de la música? La mujer le aporta un timbre, un aura de belleza a las cosas, que por ahí sin ellas no aparecería.
* Francisco Bochatón presenta oficialmente Tic Tac mañana en el ND/Ateneo. A las 21

“Por fin”, dijo Gustavo Cerati ni bien pisó el escenario, por primera vez en este milenio, oficialmente como miembro de Soda Stereo. Y fue un “por fin” que no sólo sonó a reencuentro –con el público, con la sensación de un show en vivo de Soda Stereo– sino también a algo de alivio, a un comentario espontáneo de quien había vivido días de mucho nervio y de desesperante cuenta regresiva. Aunque tal vez haya sido igual de espontáneo que fuera aquel “Gracias totales” de 1997.
Al empezar el show, la nochecita estaba cálida; sin embargo, Cerati apareció envuelto en una abrigadísima chalina, con look a igual distancia de los anoraks britpoperos de Liam Gallagher que de la tricota-por-si–refresca de tu tía Vivi. Sólo la usó las primeras dos canciones, pero una hora más tarde entró en escena el viento del Río de la Plata, pintó la fresca y empezaron a volar motas de polvo y flyers descartados. Justo al mismo tiempo en que la banda tocaba Primavera 0. Y era apropiado: porque cuando en River se levanta el viento del río, aunque sea octubre, de primavera, cero.
Siguiendo con la tradición que inauguró Bono en el show de marzo del año pasado (la de levantar screans de teléfonos móviles ante el pedido de la estrella), se sabe que los encendedores de antaño no tienen tan buena calidad de captura de video como los miles de celulares que se encendieron ante cada proclama. “Las épocas van cambiando”, decían los que se daban cuenta del detalle, sobre todo los que pasaban cuatro décadas, volaban algunas chapas, y admitían cierta desconexión con el presente festivalero.
Las escenas en el VIP de River son otra buena prueba del paso del tiempo. No sólo por la presencia de figuritas, figuras y figurones que atacan bandejas de sushi, empanaditas y delicias dulces (el sábado, un cronista del NO casi se queda seco de la impresión al chocar con el jefe de gobierno electo de Buenos Aires). En los cuatro rincones del salón se ven la misma clase de varilites que Soda presentó como el último grito de la tecnología en el escenario de la Gira Animal de 1990... y que ahora cumplen el mero rol de veladores para ambientar el lugar con locos juegos de luces.
El domingo hubo un nuevo cambio con respecto a la lista del sábado: salió Corazón delator e ingresó Trátame suavemente. Cerati se la dedicó al autor de la canción, Daniel Melero: “Es una persona que tiene mucho que ver con Soda y a la que quiero mucho, y creo que anda por acá”. También hubo un par de entradas en falso, que todos se tomaron con gracia, quejas humorísticas de Cerati sobre el mal estado de su garganta (que sólo percibía él, por otra parte) y hasta una guitarra salió por el costado arrojada cual bola de bowling. En las plateas estuvieron Ricardo Mollo, Pedro Aznar, Emmanuel Horvilleur y Lucas Martí.
R.C., J.A., E.F. y M.B.
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Tres nuevas visitas: ahora sacaron pasajes a Ezeiza los neoyorquinos de Madball, que presentarán su último disco Infiltrate the System el 7 de noviembre en Rosario y el 8 en El Teatro de Flores, Rivadavia 7800, junto a Otra Salida. Esta semana se confirmó que la celebrity Snoopy Dog se suma al line-up del Personal Fest. Y también llegan los brasileños Ratos de Porao, que tocarán este sábado a las 20 en Mitre 1045 (Moreno, provincia de Buenos Aires), junto a los “regresados” de Lethal. ¡Hello Argentina!
Cuando parecía que el rock argentino iba a pelear el descenso en la escena latinoamericana, Babasónicos obtuvo la lengua-premio al Mejor Artista de Rock en la última entrega de los premios de la MTV Latina, que se realizó en México. También fueron galardonados Airbag (Mejor Artista Sur), Inmigrantes (Mejor Artista Nuevo Sur) y No Lo Soporto (Mejor Artista Independiente), además de Evanescence, Fergie, Belinda, Avril Lavigne, Julieta Venegas y Mala Rodríguez. ¡Lenguas para todas!
Día histórico para el pueblo fierrero: La Renga va a tocar en el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires, según confirmó al NO el manager de la banda, Gaby, con un sonoro “¡Con-fir-ma-do!”. El trío más numeroso de Mataderos estará en el escenario junto con la banda española Marea, con la que compartió una gira por España. ¡Calienten motores!
¡Novedades en las catacumbas del Abasto! Después de siete años de silencio vuelve La Doblada, el grupo liderado por Javier Lecumberry –tecladista de la banda de Skay Beilinson–, que esta noche a las 22 en El Imaginario (Bulnes y Guardia Vieja) adelantará temas de su inminente álbum Souvenir Vol. 1. ¡Si vas de parte del NO, un solo de órgano de regalo!
Se va la tercera: el ex Illya Kuryaki Emmanuel Horvilleur tiene listo su tercer disco solista, que lleva el muy vintage título de Mordisco, que incluye canciones como Tu hermana, Pago la noche, 19 o Tu estado; y en el que participaron invitados como Gustavo Cerati, Lucas Martí y Nico Cota. El rock no muerde.
Sin fertilizante, Rosal presentará su nuevo disco Su Majestad esta noche, desde las 21, en La Trastienda (Balcarce 460), con invitadas especiales como Javiera Mena y Juliana Gattas (de Miranda!), que secundarán a la cantante María Ezquiaga. ¡Da para ir!
Ni arriesgues, que no lo vas a sacar: el que viene es Bernard Fowler, corista oficial de las grabaciones y los conciertos de los Rolling Stones desde 1984, que presentará su primer disco solista Friends with Privileges este martes 30 de octubre en La Trastienda, junto a Fabián “Zorrito” Von Quintiero y otros invitados. Si vas con una remera de los Stones, no serás el único.
El rocker con más cara de oficinista del mundo está de regreso. Moby tiene listo un nuevo disco que incluye, según dijo, “canciones techno que suenan como edificios derrumbándose”. El título del álbum es Last Night, y vendrá acompañado de un segundo CD con música ambient, todo por el mismo precio. Aunque Moby no confirmó cuál será ese precio.

Cualquier persona que haya caminado alguna vez por las inmediaciones de la galería Bond Street les dedicó una o más miradas de reojo a esos grupos de chicos con ojos delineados y flequillo planchado que no paran de sacarse fotos con sus cámaras digitales. No son los viejos “otroyoianos” que solían inundar el lugar cinco años atrás. Los nuevos ocupantes se hacen llamar emos. Este nuevo movimiento cultural conformado por adolescentes y preadolescentes de entre catorce y veinte años es cada vez más importante en todo el mundo y no se conforma con acaparar miles de horas en los canales de música de mayor prestigio internacional.
El emo ya llegó a la Argentina y, para entender mejor de qué se trata esta nueva moda, Sweater –una banda de screamo proveniente de Ramos Mejía–, Buzzer –emigrando del “hardcore punk melódico” desde 1997– y Romeo Tragedy le explican al NO qué hay detrás del maquillaje y el pelo planchado del género que busca asentarse en los colegios secundarios.
Para Nacho, guitarrista y cantante de Sweater, la historia con el emo comenzó hace tres años. “Yo subí a cantar un tema con una banda un poco gritado y, al bajar del escenario, un chico me dijo que cantaba muy al estilo de una banda screamo/post-hardcore. Después de eso, por intercambio de discos y mp3 por Internet, comenzamos a conocer lo que sería este estilo.” Sin embargo, Pury, quien se encarga de las guitarras y los coros de la banda de Ramos Mejía, agrega que “el emo siempre estuvo presente con Weezer y The Get Up Kids”.
Nicanor, cantante y bajista de Buzzer, aclara que a su grupo el género le llegó de manera menos abrupta: “Por el punk rock. Siempre estuvimos influenciados directamente con este estilo, y de tanto escarbar en disquerías, Internet o revistas, conocimos las primeras bandas emo, como At The Drive In, Weezer, Jimmy Eat World y Millencolin; y de la Argentina –aunque bastante alejadas del concepto de género que se maneja en estos días–, Fun People y Cucsifae. Es más: el nombre de la banda salió de una canción de Millencolin”.
El baterista de Romeo Tragedy, Gonzalo, recorrió un camino similar a los anteriores y le presentó el género al resto de la banda, excepto a Juan Pablo –guitarrista del grupo–, quien llegó sin escalas al emo/post-punk de la mano de Funeral for a Friend.
Pero el emo “nerdie” de Weezer fue sólo el puntapié inicial que sentó las bases del género que se apoderó de las redes sociales del ciberespacio. Poco a poco, nuevas bandas surgían en Estados Unidos bajo la influencia musical y estilística del legendario grupo de Los Angeles y, luego, podría decirse que la red de redes hizo el resto: “Me parece que el boom de Internet fue más como un desenlace de una miniglobalización del emo, empezando por Estados Unidos, obviamente. Sitios como myspace, al tener profiles [perfiles] editables con la posibilidad de poder poner tu tema preferido en el space [algo así como la vidriera en donde se muestra el usuario], y editarlo con fotos, esto y aquello, ayudó muchísimo al crecimiento del genero por Internet”, afirma Nacho.
El paso más difícil ya había sido dado por los usuarios de redes sociales como myspace, vampirefreaks y flickr. La expansión global del emo era inminente y a mediados de 2005 logró consolidarse como una cultura íntegra al establecerse como una escena fuerte principalmente en el Reino Unido, pero haciéndolo, también, en el resto de Europa y América del Sur (sobre todo en Chile y la Argentina).
En nuestro país, el emo fue difundiéndose exponencialmente a través de una red social llamada Fotolog y, según Pury, “los emos imitan a los emos de Reino Unido o Estados Unidos. Acá lo vieron como una nueva oportunidad para lookearse y los argentinos terminaron adoptando el emo a su manera”. Juan Pablo y Federico, ambos guitarristas de Romeo Tragedy, llevan la explicación de Pury a otro nivel y sostienen que el imitar el look fue la razón principal para que el emo se difundiera incluso en los países en los que se engendró e interesara a los potenciales oyentes a investigarlo.
Con una formación similar a la actual (Nacho, Pury, Luis y Juli), Sweater desvirgó la escena screamo local bajo el nombre de My Sweetheart. Nacho afirma que la banda “produjo un impacto fuerte en la gente. No lograban entender definitivamente cuál era nuestro estilo y nuestro mensaje. Hace dos años y medio, tres años, poca gente de la cual ahora se considera ‘emo’ estaba instruida con respecto al género”.
Pury sostiene que en ese momento su público actual no estaba consolidado todavía, “no existía”. Este comenzó a aparecer a mediados de 2006, cuando formaron Sweater. El guitarrista explica que el hecho de que la banda haya adoptado el look de los grupos extranjeros más importantes del género, fue uno de los factores determinantes para “llegar” a la gente que los sigue.
Los integrantes de Romeo Tragedy debutaron en 2005 y aclaran que en ese momento la escena era muy inestable en cuanto a la concurrencia del público. Pero, a partir de que comenzaron a “subir” sus canciones y las letras correspondientes a purevolume y de que se eligieran utilizar el Fotolog de la banda para publicar arte digital, la gente comenzó a verlos como “un proyecto bien serio” y empezó a responder. “Para mediados de 2006 era shockeante ver tanta gente cantando nuestros temas, o comprando remeras de las banda.”
Sin embargo, Nicanor afirma que “en 2000 ya se veían muchas disquerías que vendían exclusivamente emo, como Coffee Mug Records, La Lupita, o sellos que editaban este estilo de bandas como Boring Discos, y además había una carga de imágenes y una onda visual del emo: no sólo era música sino que también había algo más artístico y serio, cosas que no existen en la escena punk rock convencional”. Pero agrega que el público emo tardó en captar la influencia extranjera y migrar a esta nueva moda.
En la Argentina, Sweater representa para una buena parte del público la primera banda que ven en vivo arriba de un escenario. “Había algunos que nos preguntaban: ‘¿Por qué la entrada no sale 60 pesos?’. Quizás este dato pueda darle ternura a más de un lector, pero la sensación es muy distinta cuando se los escucha corear canciones de bandas screamo (un género que combina el emo tradicional con gritos; de ahí proviene su nombre en inglés en las que las temáticas de las letras van desde la anorexia y la bulimia hasta el suicidio y el cortarse las venas con hojas de afeitar, mientras son adornados por caricaturas de calaveras en todas sus prendas).
No es muy difícil comprender por qué Sweater es casi la única banda del país que está totalmente encasillada dentro del screamo: el género es muy nuevo y apunta a un público preadolescente, que está teniendo sus primeras experiencias con un instrumento y, como si eso fuera poco, Pury remata: “Además es un estilo que requiere un poco de experiencia (que fue la que nosotros logramos con My Sweetheart). No es lo mismo tocar en este género, rodeado de disonancias, octavas, baterías que llevan la banda por sí solas, que tocar...”.
Gonzalo toma la posta y agrega: “Sonar como una banda emo yanqui no es como tocar un tema de Flema. Capaz que cuando sos más chico se te ocurre hacer una banda de punk rock y mal que mal te sale.... Tocar emo y reflejarlo en vivo es todo un desafío mucho mayor”. Matías, bajista compañero de Gonzalo, acusa que hay bandas que, aunque no lleguen a ese nivel requerido, se hacen llamar emo para aprovechar el buen momento que está pasando el género, aunque nada tengan que ver con éste.
Códigos y costumbres
El look juega un papel fundamental en esta tribu urbana y, como en cualquier movimiento cultural que se precie de serlo, existieron varias “oleadas” o versiones del prototipo de un chico emo: la primera oleada presentó lo que hoy se conoce como “look nerd” o “nerdie”, derivado sin escalas de la imagen de los integrantes de Weezer. “Un emo es una persona triste, que no tiene ganas de nada, sólo de estudiar, como un nerd”, simplifica Nacho y agrega que “hay algunos que se siguen lookeando nerdie, pero me parece que el “emo moderno... lo sobrepasó por mucho”. La segunda –y actual– etapa de la moda emo proviene de bandas como A Fire Inside y From First to Last. “Yo lo veo como una rebeldía de un nerd”, explica el cantante de Sweater al referirse a la nueva moda “de querer exagerar cosas inexagerables”, mientras que Juan Pablo coincide con sus compañeros en que se trata de “un acto más de rebeldía adolescente”.
Un emo “new wave”, es decir aquellos que heredaron su look de bandas screamo como las citadas anteriormente, suelen tapar uno de sus ojos delineados con su pelo teñido de negro alisado por la infaltable “planchita” y, aunque dependiendo de la ocasión estos elementos puedan variar, todos son casi un requisito para formar parte de esta moda ya establecida. Matías aclara la postura de Romeo Tragedy frente a la moda y el look característico de la escena con una frase categórica: “Fede toca con la remera de Banfield”.
Al hablar de modas o costumbres de este movimiento es imposible no mencionar lo que los emos llaman cariñosamente “la Bond”. Esta galería, al igual que sus inmediaciones (en especial la plaza ubicada en Paraguay y Callao), es el punto de encuentro y reunión de los emos por excelencia. En “la Bond”, los emos se reúnen los sábados por la tarde para sacarse fotos digitales (que van directo a sus fotologs), escuchar música, compartir (o, simplemente, exhibir) prendas, dibujos y discos, o sentarse a merendar.
Si bien el mercado no está del todo explotado, los negocios de la galería tienen una gran oferta en torno del público emo. En ellos es posible encontrar desde billeteras con personajes de Tim Burton (director que aportó muchísimo a la estética de esta escena con películas como El joven manos de tijera, Beetlejuice y El extraño mundo de Jack) hasta discos importados de sellos independientes.
Como se dijo, Romeo Tragedy fue uno de los pioneros en darle un papel protagónico al arte digital en la escena: “El nuestro tiene mucha influencia del romanticismo y el período barroco. Implica muchos ornamentos, muchas veces usábamos frases de nuestros temas y reflejábamos la situación a través del diseño. Tenemos una estética muy particular, es todo un gran conjunto que forma Romeo Tragedy”. Federico agrega que “a mí personalmente me encanta comprarme un disco original (siempre que se pueda) porque es una sensación única tener en tus manos todo lo que tiene la banda en la cabeza mientras escuchás la música de ese disco... Y eso es lo que buscamos también nosotros”. Esta actitud para con su público llamó, según Gonzalo, mucho la atención y rindió sus frutos, además de contagiar a otras bandas para que adoptaran la misma política y mejoraran, en muchos casos, la calidad del packaging.
Sin dudas, cuando de este tipo de tribus urbanas se trata, el aspecto más importante es el musical. La marca de ropa skater Vans lo tiene muy en claro. Por esta razón lanzaron el Warped Tour en Estados Unidos, un festival ya casi consagrado que acapara, en diversas fechas a lo largo de ese país, a los máximos exponentes del emo, del indie y del punk rock. Este año pueden escucharse allí bandas emo como Drop Dead, Gorgeous, Funeral for a Friend, I Am Ghost, The Used y muchas otras que buscan liderar la escena y lograr la popularidad de grupos ya “clásicos”, como From First to Last, My Chemical Romance, Alexisonfire, Fall Out Boy, Panic! At The Disco o Good Charlotte.
Al hablar de exponentes del emo en la Argentina es difícil avanzar mucho más allá de las bandas entrevistadas, ya que el género aquí todavía no está maduro. Sin embargo, hay muchas bandas en las que se puede reconocer claramente el género dentro de sus más importantes influencias musicales, como es el caso de My Wish, Jordan y Ardehollywood. Nicanor agrega que, en la escena local, bandas como Late Night Condition, Mofa y Sweater hicieron realmente la diferencia y pueden cargarse tranquilamente el estandarte del género al hombro. Los integrantes de Romeo Tragedy, que prometen sorpresas para su vuelta a los escenarios antes de fin de año, agregan a Jordan y a la banda rosarina La Ultima Canción del Mundo a esta última categoría.
“Si bien hay algunas bandas que tocan sólo dentro del emo, nosotros somos partidarios de mezclarlo con estilos que nos gustan, no por conveniencia sino porque es lo que realmente nos gusta. La banda fue evolucionando y tomando su propio camino musical, por eso nos cuesta encasillarnos en un solo estilo.” Por esta razón no es sorprendente que los integrantes de Buzzer decidan aclarar, pertinentemente, que “a pesar de estar en la escena emo, al venir desde el punk rock, asiste también gente muy punkie, que no le da mucha importancia a la estética, y todos conviven muy bien juntos. Eso está bueno. En el emo no hay discriminación: si el emo es una tribu, es bastante abierta: no hay rivalidades”. En cuanto al futuro, los Buzzer “le tienen fe”, y esperan que “las bandas comerciales no se adueñen de la escena. ¡Ja! Porque tanto afuera como en el país, hay muchas bandas verdaderamente talentosas que tocan su música con la emoción que hace falta para tocar emo”.
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Los jamaiquinos viven la vida sin apuro. Y se toman las cosas con mucha tranquilidad. Y ésta puede estar basada en su proyección de la espiritualidad como estado de gracia o en su letanía verbal, producto de las dulces y nobles yerbas de su tierra.
Andrew Tosh –sí, el hijo de Peter– no es una excepción a la regla. Sus respuestas en ningún caso superan los quinientos caracteres y no parece interesarle profundizar en sus conceptos, pero bien sabe que aquí el reggae está pasando uno de sus mejores momentos. “No sé por qué a la gente le caen bien los músicos jamaiquinos, pero sí te puedo decir que los argentinos son gente muy amigable. Y supongo que ellos piensan lo mismo de nosotros”, comenta desde Etiopía, donde se encuentra encabezando una serie de tributos a su padre que comenzaron hace tres años y que lo tienen girando alrededor del globo.
Al igual que su primo “no oficial” Ziggy Marley, Andrew pasó sus primeros años entre cables, micrófonos y amplificadores, viendo cómo su papá trabajaba en el estudio. Sin ir más lejos, él fue quien le enseñó al pequeño rasta los secretos del piano a los cinco años: “Mi padre tocaba y cantaba para nosotros cuando éramos chicos, y nos enseñaba cosas todo el tiempo. En ese universo era difícil que no me interesara la música”, reconoce quien mañana a la noche se subirá al escenario de Niceto.
Con cinco discos desparejos en su haber desde 1988, Andrew Tosh debutó en vivo de una manera accidental y poco feliz: el día del funeral de Peter, quien fuera asesinado en su casa de Kingston a manos de tres ladrones. El mayor de los diez hijos de Peter interpretó aquella tarde de septiembre de 1987 dos canciones en memoria de la estrella jamaiquina: Equal Rights y Jah Guide. Todo esto bajo la atenta mirada de su tío Bunny Wailer. “Mi principal inspiración fue, es y será mi papá. El me enseñó el camino y yo solamente trato de expandir su mensaje a través del planeta. Aunque también me guiaron Bob Marley y sus músicos, con los que al mismo tiempo iba creciendo”, explica. En 2004, Andrew se puso en mente homenajear la obra de su progenitor y, para eso, organizó conciertos, muestras, charlas y hasta complementó su cruzada con la edición del álbum Andrew Sings Tosh: He never Died, donde revisita sus temas. El segundo apellido más pesado del reggae regresa a Buenos Aires y, a modo de despedida, nos deja su tarjeta: “Verán un show caliente donde rendiré tributo a mi padre con clásicos como Legalize it, Get up, Stand up o Bush Doctor, más algunos temas míos y otras rarezas. Será una fiesta. Y están todos invitados”. Habrá que ir.
* Andrew Tosh se presenta mañana en Niceto Club. A las 21.
Siguen rockeando. Mientras el bajista de Catupecu Machu, Gabriel Ruiz Díaz, continúa en
el Instituto de Rehabilitación donde se recupera de un grave accidente automovilístico, la banda presentó su nuevo responsable de las cuatro cuerdas, lacónicamente presentado como “Sebastián”, quien debutó oficialmente el último sábado en The Roxy a eso de las 4 am durante un show que incluyó canciones de Laberintos entre artistas y dialectos, el inminente nuevo álbum catupequense.
Nacional, popular y sublingual. El maravilloso nuevo disco de Andrés Calamaro, La lengua popular, arrancó con el pie derecho (en este caso, con la papila gustativa derecha), ya que se convirtió en disco de platino –40 mil ejemplares– en apenas un día. Acto seguido, El Salmón viajó a España, donde firmó discos en tiendas de Barcelona, Madrid y Valencia. ¡A festejar con el minibar bien abierto!
Ahora, a descansar. El guitarrista Jonny Greenwood confirmó que Radiohead finalizó las sesiones de grabación de su nuevo disco de estudio, el primero desde Hail to the Thief (2003), que recién saldrá a la venta en enero. “Estamos muy aliviados después de haberlo terminado, ahora tenemos que decidir qué hacemos con él”, señaló. El NO está en condiciones de afirmar que lo harán... dinero.
Después de The Police y Soda Stereo, entre tantos otros, la ola de regresos ‘07 suma otros dos peces gordos y canosos: los Sex Pistols y Led Zeppelin, para dos fechas únicas, ambas en Londres. Los gerontes del punk se presentarán a raíz de los 30 años de su debut, mientras que Robert Plant, Jimmy Page y John Paul Jones volverán al escenario con Jason, el hijo del fallecido baterista John Bonham, en la batería. ¡Sólo faltan los Beatles y los Rolling Stones! Ah, cierto que los Stones siguen...
Es algo así como el Día del Baterista: el Zildjian Day 2007, que ofrecerá clases a cargo de Sebastián Cardero (Los Piojos), Andrés Vilanova (Carajo) y los invitados foráneos Cindy Blackman (de la banda de Lenny Kravitz) y Brady Blade (Dave Matthews, Jewel). Es este lunes a las 20 en ND/Ateneo (Paraguay 918), con entradas desde 20 pesos. ¡Doble bombo!
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Escena post-Cromañón. Mediano plazo y dos líneas encontradas. Condensación y concentración de espacios, recurrencia de propuestas e histeria rockera. Mañana empieza el Pepsi Music y muchos grupos dieron el alma por estar. Ningún cachet –a veces lo contrario–, ninguna promesa, sólo la “oportunidad” de tocar en algún lugar para alguien. Una linda vidriera en el desierto. Otra que merece menos omisión aún: la del movimiento independiente que se mueve como Don Quijote, pero se mueve al fin. A ese caballo está subida la UMI. El 15 de febrero inició una acción declarativa de inconstitucionalidad ante el Tribunal Superior de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Objeto? Mejorar las condiciones en que se realiza música en vivo en Buenos Aires. ¿Propuesta? Que se declare inconstitucional toda normativa que exija o regule la necesidad de permisos, habilitaciones o autorizaciones específicas para la actividad. “No puede ser que tocar una guitarra cambie las condiciones de seguridad de un lugar”, vive diciendo Diego Boris, presidente de la Unión desde hace cinco años.
El 18 de abril, el juicio fue declarado admisible por tres de los cinco jueces del Tribunal. Y la semana pasada llegó la ansiada audiencia pública. En una tarde de lluvia, Esteban Agatiello –letrado y tecladista de Ritcher– y el mismo Boris expusieron sus razones ante el Tribunal; Víctor Zamenfelt, las suyas como asesor letrado de la apoderada del gobierno, María Cristina Mascialino, y Luis Cevasco, las de la fiscalía. Agatiello bombardeó a preguntas: “¿Acaso la música en vivo cambia las condiciones de higiene, seguridad, salubridad o de señalización? ¿Acaso la actividad en sí misma es peligrosa o lo son las condiciones en las cuales se desarrolla? ¿Qué es lo que vuelve peligroso un establecimiento? ¿Las condiciones en que se encuentre o que haya una persona que toque una guitarra? ¿Acaso la falta de música en vivo resulta sinónimo de seguridad?”.
Boris sacó la guitarra frente a los jueces y tocó: “¿Alguien se sintió inseguro?”. Cevasco los acusó de pretender una anarquía normativa, y Zamenfelt no le fue en zaga: “La necesidad de contar con permisos especiales para la realización de espectáculos musicales no puede ser considerada absurda, porque cada actividad tiene su propia especificidad”.
¿El nudo? El gobierno exige a los espacios un permiso especial, con 15 días de antelación, sólo si se trata de un espectáculo musical. “Como músicos no podemos aceptar que se instale el concepto de que la música en vivo es un elemento peligroso para la sociedad”, sostiene la UMI. En dos meses estará la sentencia. Mientras, los megafestivales y el circuito restringido de espacios sigue siendo un corralito demasiado cómodo. Y, sobre todo, arbitrario.

Estas páginas ya contaron la historia de los Arctic Monkeys, cuatro pibes de Sheffield que se convirtieron en sensación de la noche a la mañana vía MySpace, pero que revalidaron sus méritos con dos discos estupendos: Whatever People Say I am, that’s what I’m not (2006) y Favourite Worst Nightmare (2007). En ellos, la mirada certera de Alex Turner pinta tanto la vida urbana en la Inglaterra de hoy como el complejo mundo interior de un tipo que deja atrás la adolescencia: no hay más que ver la cara repleta de granitos del cantante y guitarrista para darse cuenta de que apenas tiene 21 años. La combinación de esas letras agudas con una música vibrante que abreva tanto en los Kinks y los Smiths como en los Strokes ha dado como resultado el fenómeno más grande de la música británica de los últimos tiempos. Lo bueno es que en poco tiempo podremos verlo y escucharlo en vivo, porque los Arctic Monkeys tocarán en el Luna Park el 24 de octubre. “Me contaron que la Argentina es un lugar bello y que hay chicas muy lindas”, es toda la referencia que tiene Nick O’Malley, bajista del cuarteto, según le dice al NO a través del teléfono.
Cero demagogia, igual que arriba del escenario: en la web circulan varios DVDs piratas con conciertos de los Arctic Monkeys y se los ve algo parcos (aunque lejanos a la indiferencia cool de varios congéneres), más concentrados en la música que en tratar de levantar al público a toda costa. No lo necesitan, porque los riffs de sus canciones y los ritmos trepidantes son material suficientemente explosivo.
Ahora bien, ¿se puede tener el álbum debut más rápidamente vendido en la historia de Inglaterra (363.735 copias en su primera semana), ganar el prestigioso Mercury Prize, girar por el mundo, y encima mantener los pies sobre la tierra? Turner, O’Malley, el guitarrista Jamie Cook y el increíble baterista Matt Helders parecen dispuestos a conseguirlo. Para ellos, no hay nada de malo en la fama, siempre que se pueda preservar la privacidad. “En Gran Bretaña, los medios se entrometen demasiado en tu vida personal, entonces tratamos de mantenernos tan fuera de eso como nos sea posible”, explica el bajista. “Acá quieren saber todos los detalles, qué chicas te gustan, con quién estuviste, todo lo que dijiste y pensaste. Llaman a tus abuelos para tratar de averiguar cosas sobre uno o se hacen pasar por quienes no son para saber algo malo, así tienen algo para escribir en sus artículos. A nosotros todavía no nos pasó, pero fue porque siempre estuvimos alertas. Hace poco apareció una chica que decía ser la prima de Dizzee Rascal y que, en realidad, trabajaba para un tabloide.”
–¿Su privacidad llama la atención porque en estos días todos le hacen el juego al show business?
–Es probable. No es algo que hayamos hablado, simplemente sucede por el modo en que somos como banda. Para nosotros, lo más importante es que hacer que nuestra música se escuche por la música en sí misma y no porque les contemos a los medios qué pasa en nuestras vidas. Pero incluso así pueden inmiscuirse... Los Gallagher, por ejemplo, tienen un montón de exposición y no pueden hacer nada al respecto. No pueden escaparse de que cada cosita que hacen sea informada por la prensa. Por suerte nosotros no tenemos esa clase de exposición. Podemos arreglárnoslas para estar un poco más al margen. Supongo que si sabés cómo evitarlo, podés salir con normalidad a los pubs sin estar en el escrutinio público. Tenés que mantener el círculo de amigos con el que creciste e ir a los mismos lugares a los que ibas cuando estabas en casa, en lugar de mudarte a Londres y estar todo el tiempo bajo la mirada pública.
–¿Se puede ser la misma persona después de dos discos tan exitosos?
–Lo que nosotros hacemos es no aparecer tanto por televisión, entonces no nos reconoce todo el mundo, sólo los fans de la música. De ese modo podemos seguir teniendo vidas normales, podemos salir en Sheffield sin ser acosados y hacer las mismas cosas que siempre hicimos. Por eso, siempre decimos que tenemos el mejor trabajo del mundo: podemos compartir nuestra música, viajar por el mundo y conocer a mucha gente, pero también seguir viviendo vidas normales.
O’Malley no es un Mono Artico de la primera hora, aunque conoce al resto de la banda desde la infancia. El estaba en otra banda, The Dodgems, mientras Turner luchaba contra la timidez y se decidía a mostrar sus canciones. “Con Alex siempre hablábamos de tener una banda algún día”, recuerda el bajista. “Pero ninguno de nosotros esperaba ser famoso, simplemente lo tomábamos como un hobby y pensábamos en tocar en Sheffield, no en que se vendieran nuestros discos en todo el mundo.” Para O’Malley, fue “muy, muy extraño” ver cómo sus amigos se convertían en la nueva sensación británica: “Imaginate ver a tus amigos en las revistas y que todo el mundo hable de ellos... Fue como una experiencia surrealista, porque yo no conocía a nadie famoso y de repente mis amigos eran los famosos. Todo el mundo hablaba de esos chicos con los que crecí, a los que conozco desde siempre. Muy extraño”.
–¿Cómo te ofrecieron reemplazar a Andy (Nicholson, el bajista original) para una gira norteamericana?
–Estaba en un colectivo, en Sheffield, yendo a casa de un amigo, y sonó mi celular y era Alex. Supuse que llamaba para saludarme porque hacía mucho que no nos veíamos, pero me dijo: “¿Querés venir con nosotros a Estados Unidos y tocar durante un mes? Porque Andy no quiere venir”. Y le contesté: “Lamento decirte que no, porque tengo el brazo quebrado”. Me había caído contra una pared y se me había fracturado la muñeca, así que dije que no podía. Pero tenía una cosa de metal en la muñeca para mantenerla estable, así que intenté tocar el bajo y pude hacerlo, entonces contesté que iba. Después de eso grabamos un par de canciones y nos fuimos a Estados Unidos. Ahí pensé: “Esto es maravilloso”. Pensar que antes de eso trabajaba en un supermercado...
–Y que ese accidente podría haberte costado “el mejor trabajo del mundo”.
–Totalmente. Además es con mis amigos, así que no podría estar más contento.
–¿Y cómo fue cuando te dijeron que querían que fueras parte de la banda?
–Medio que lo habían mencionado después de la gira por Estados Unidos, porque lo pasamos muy bien tocando juntos, y después me lo confirmaron. ¿Cómo podía decir que no? De lo que me aseguré fue de charlar con Andy, porque me resultaba muy importante que todos siguiéramos siendo amigos y que no hubiera rencores. Y él fue muy honesto conmigo, me dijo que no tenía nada en mi contra, que todo era para mejor.
–¿Cuál creés que ha sido tu aporte a la banda?
–No lo sé, pero supongo que nada esencial. Después de un año y pico juntos, supongo que toco mejor, pero eso nos pasa a los cuatro. Y entonces podemos intentar hacer canciones más complejas, más difíciles que las que podíamos hacer hace un año. Pero es algo colectivo, no es sólo cosa mía.
–¿Cómo era la dinámica la primera vez que estuviste con ellos en el estudio?
–Antes de que tocáramos juntos grabamos Live before the Lights Come on y todo pareció funcionar muy bien. La canción ya estaba escrita, así que lo único que tuve que hacer fue tocarla. Nos llevamos bien en el estudio, todos escuchábamos las ideas de los demás. No hay cuestiones de ego, peleas ni enojos. Supongo que todos sabemos cuándo una idea es buena y cuándo es mala, entonces ninguno va a pelear por la suya si sabe que no es muy buena.
–Siempre se habla de la presión del segundo disco. ¿Ustedes la sintieron?
–Sí, pero sólo la que nos pusimos nosotros mismos, porque no queríamos hacer un disco para complacer a la gente sino sólo a nosotros mismos. No queríamos hacerlo pensando “si hacemos este tipo de canción van a pasarla en la radio” o “si hacemos una canción así va a gustarle a la gente porque ya le gustó esta otra”. Simplemente queríamos hacer canciones que nos gustaran mucho a nosotros y si a la gente no le gustaban, mala suerte.
–Después de lo que pasó con Arctic Monkeys y con Lily Allen, que también explotó primero en Internet, ¿creés que la posibilidad de difundir tu música de esa forma torna las cosas más democráticas?
–Definitivamente. Para cualquier banda del mundo es más fácil difundirse a través de Internet. Igual, lo importante es recordar que una buena canción sigue siéndolo, lo mismo que una mala canción. Lo único que se puede hacer a través de Internet es que esté más disponible, entonces si sos una buena banda todo puede suceder más rápido. Pero si tenés canciones malas, se aplica la misma regla: en todo el mundo van a saber más rápido que sos horrible. No creo que Internet haga las cosas más fáciles, pero sí más rápidas. Todavía existen bandas muy buenas que no tienen demasiado éxito y algunas porquerías que suenan en todas partes.
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Vincent van Gogh mira desde un autorretrato. Tiene auriculares puestos. “¿Ya le faltaba una oreja?”, pregunta uno. No es una exposición de arte pop –no del todo– sino una crónica del under en una gala un poco más ambiciosa. Es viernes por la noche en el Roxy, y en la pantalla esa figura anuncia que es noche de “El Bombardeo del Demo”, el concurso organizado por Day Tripper (de 13 a 17 por Rock & Pop) en el que las bandas más o menos ignotas pueden llevar su material y ser votadas por conocidos y oyentes. Es la segunda final en la que tres bandas se disputan un lugar en el Pepsi Music y someten su música al veredicto de un jurado de cuatro productores discográficos, más un quinto voto popular. En la puerta, el anfitrión: el mismísimo Pelado Torabe invita a subir. Allá dentro conviven la tela a cuadros en blanco y negro con prendas ricoteras. El cantante de Tramposos pide un poco más de pogo y provoca: “Este es un show de rock and roll”, mientras el Slash suburbano que empuña la Les Paul enciende otro cigarro.
El cierre había quedado a cargo de Invencibles (buen nombre para un concurso), una banda de rock barrial propiamente dicho con algún costado fierrero y un grupo de fieles agitadores con ganas de ser escuchados. “Gracias por el respeto de los que vinieron a escuchar otras cosas”, dice el colorado vocalista. En el medio, sin embargo, figuraba Skabio, una banda de ska que roza el emo-core cuando propone rockear. “¡Dale, Gordo!”, le gritan al cantante desde un público principalmente compuesto de amigos. El micrófono no anda. Trompeta, saxo, teclado, set de percusión, una versión de Piraña de los Cadillacs, una banda que se siente cómoda sobre el escenario y un bajista de aspecto rockabilly que está al borde de un ataque: su instrumento tampoco se escucha. “¡No tienen caja directa, son unos hippies de mierda!”, el comentario atraviesa la sala como una daga hacia la cabina de sonido. Un momento tenso que la banda producida por Ricardo Tapia trató de disolver entreteniendo.
“Con la adrenalina que hay en ese momento uno se pone nervioso, tenés nada más que treinta minutos para mostrar lo que podés llegar a hacer; y peor si no te limitás a un solo estilo, como nosotros”, explica el cantante Gastón Luzzi. Skabio ya había triunfado en otro “Bombardeo”, cuyo premio fue tocar en el Gesell Rock 2005. “Gesell nos abrió otras puertas, mucha gente nos conoció ahí, y además es como un currículum, entrás con el pie derecho en otros lugares. Por eso tenemos mucha expectativa con el Pepsi”, desliza.
El viernes anterior, La Petisa Rock’n’Roll fue la elegida luego de compartir escenario con Sordos y los uruguayos de Malacate. “Nos eligieron primordialmente por la fiesta que hizo nuestra gente, que llenó el lugar y cantó hasta tapar nuestros instrumentos. El jurado vio que esa comunión no la tienen todas las bandas under, porque no son quince personas saltando, son doscientos enfermos con tatuajes”, infla el pecho el cantante Maxi Palermo. ¿Cómo se siente participar de un tipo de “competencia rockera”, algo así como “La batalla de las bandas” en Escuela de Rock? No lo tomamos como una competencia –responde Gastón–, nuestra filosofía es generar buena onda con los grupos porque somos compañeros de laburo. Todos dimos lo máximo, alguien tenía que ganar.” Maxi dice que para ellos y su gente fue sólo un show más. “No lo vimos como un concurso. Sí armamos una lista con los temas más clásicos y más power. De haber pensado solamente en el jurado y no en la gente, podríamos haber hecho temas más tranquilos y musicales, pero no lo hicimos”, señala.


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